El hábito que muchos padres olvidan enseñar a sus hijos antes de ir a la playa o al campamento
Cuando llega el verano, las familias suelen repetir casi de memoria el mismo ritual antes de salir de casa: crema solar, gorra, agua y, si el plan es largo, algo de comida.
Sin embargo, hay una parte de esa protección que todavía no forma parte de las rutinas de muchos niños: el cuidado de los ojos.
Playa, piscina, montaña, campamentos y actividades deportivas multiplican durante estas semanas el tiempo que los menores pasan al aire libre y, con ello, su exposición al sol, al viento, al polvo, a la arena o al agua. «La mayoría de las familias tiene muy interiorizado que la piel de los niños necesita protección frente al sol, pero todavía no hemos adquirido el mismo hábito con los ojos», explica Cortés Pozo, Product Manager de Grupo Prats y óptico-optometrista.
En su opinión, proteger la vista debería incorporarse a la educación cotidiana de los menores con la misma naturalidad con la que se les enseña a ponerse crema solar o utilizar una gorra.No se trata de añadir una nueva obligación a la lista de tareas de los padres, sino de incorporar determinados gestos a las rutinas que los niños ya conocen.
La razón está también en las características del ojo infantil: el cristalino de los niños es más transparente que el de los adultos y filtra una menor cantidad de radiación ultravioleta , por lo que una mayor proporción puede alcanzar las estructuras internas del ojo.
Además, la exposición acumulada comienza desde edades tempranas.
El verano ofrece multitud de planes al aire libre, pero cada uno presenta unas circunstancias diferentes.
En la playa, tanto la arena como el agua reflejan una cantidad importante de radiación solar.
En la montaña, la intensidad de la radiación aumenta con la altitud y también puede existir un fuerte reflejo.
En la piscina se añaden factores como el cloro, mientras que el viento, el polvo o la propia actividad de los niños pueden favorecer irritaciones.A estos escenarios se suman los campamentos de verano, donde los menores pasan buena parte del día jugando, practicando deporte , haciendo excursiones o participando en actividades acuáticas.
El Instituto Oftalmológico Fernández-Vega advierte de que la radiación ultravioleta, el agua de las piscinas , el viento, el polvo y el contacto estrecho entre los niños pueden favorecer diferentes afecciones oculares, entre ellas conjuntivitis, fotoqueratitis y traumatismos.
Estos últimos constituyen, además, una de las causas frecuentes de atención urgente en la infancia.
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