En 1987, Brasil inundó una parte de Amazonas del tamaño de Tenerife para una hidroeléctrica. Fue un desastre sin precedentes
En 1981, en plena estrategia brasileña de grandes infraestructuras para desarrollar la Amazonia, comenzaron las obras de la central hidroeléctrica de Balbina sobre el río Uatumã, al norte de Manaos.
El embalse empezó a formarse en 1987 y la central fue inaugurada en 1989 con 250 MW de potencia instalada .
Para conseguirlos se creó oficialmente un lago de aproximadamente 2.360 km², una superficies grande que la isla de Tenerife.
Una cuestión de tamaños.
El problema estaba escrito en la propia geografía : un río relativamente pequeño atravesando un territorio extraordinariamente llano obligaba a inundar cantidades enormes de terreno para conseguir una altura y una producción hidroeléctrica relativamente modestas.
De hecho, un estudio comparativo publicado en 2018 lo resumió con una cifra demoledora: Balbina sacrificó 35 veces más bosque por cada MW de capacidad instalada que la presa amazónica de Tucuruí.
En Xataka El triple de potente que las Tres Gargantas: así es el coloso hidroeléctrico con el que China "está intentando domar la naturaleza" 250 MW y un cementerio de árboles.
Cuando el Uatumã quedó represado, el agua avanzó lateralmente por la selva y dejó sumergidos millones de árboles.
Algunas estimaciones hablan de más de 160 millones .
Las antiguas elevaciones quedaron convertidas en miles de islas (un estudio contabilizó 3.546 ) y aquella fragmentación llegó inicialmente a contemplarse incluso como una posible ventaja ambiental: pedazos de bosque que sobrevivirían rodeados por el embalse.
Ocurrió lo contrario.
La investigación posterior constató que muchos de aquellos fragmentos eran demasiado pequeños y estaban demasiado aislados para conservar sus ecosistemas originales, provocando pérdidas progresivas de animales y plantas.
Balbina Estampida de especies.
La nutria gigante ofrece uno de los ejemplos más contraintuitivos .
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