De futbolista profesional a estrella de la magia: la historia de superación de Magic Jano
Alejandro Velasco (39 años) estudió Económicas y durante su infancia y adolescencia le gustaba jugar al fútbol como lo hacen muchos niños durante el recreo. «Siempre he jugado en el colegio, pero nunca pensé en dedicarme a ello», explica.
De hecho, no llegó a federarse hasta los 19 años y su entrada en el fútbol competitivo fue casi por casualidad.
Tras destacar en el Campeonato de España de selecciones disputado en Villarreal, varios equipos madrileños empezaron a interesarse por él.
Una supuesta oportunidad en el Atlético de Madrid C que finalmente resultó ser un engaño y no salió adelante le llevó al Rayo Majadahonda, donde comenzó en el segundo equipo, en Preferente. «Estuve seis meses, me subieron al primer equipo y ahí empezó todo»..Después llegarían el Rayo Vallecano y el Leganés, en una época especialmente complicada para el fútbol español.
Entre 2008 y 2010, los impagos eran frecuentes: «En el Rayo estuvimos diez meses sin cobrar y en el Leganés, seis».
A los 25 años hizo las maletas rumbo a Austria.
Lo que inicialmente iba a ser una aventura de apenas cuatro meses terminó convirtiéndose en casi nueve años.
Empezó en un equipo de Segunda División, dio el salto a Primera.
Aprendió inglés y alemán y vivió seis años en Viena, una ciudad a la que aún sigue vinculado: «Me parece una ciudad impresionante.
Voy dos o tres veces al año a ver a mis amigos».Fue también durante aquella etapa cuando se enfrentó a futbolistas que años después se convertirían en grandes estrellas internacionales, como Erling Haaland o Karim Adeyemi. «Jugaba contra gente muy buena y me encantaba lo que hacía», reconoce.Después de que su equipo desapareciera, regresó a España para incorporarse al Fuenlabrada, en Segunda División.
Tenía 34 años, estaba ilusionado y esperaba disfrutar esta nueva etapa.
Pero en el primer partido de Liga, contra el Tenerife, todo cambió.
Era agosto de 2021 cuando sufrió la lesión que cambiaría su rumbo. «Fue algo simple, ni recuerdo bien la acción».
Se levantó y no podía correr, descubrieron que se le había desprendido el cartílago.Tuvo que pasar por quirófano. «Fueron seis meses durísimos», recuerda.
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