Devolver a la luz de casa el color que le falta podría frenar esta epidemia de miopía infantil
Pasamos la mayor parte del día bajo los tubos fluorescentes o bombillas que iluminan nuestras habitaciones, oficinas y aulas, luces que, desde un punto de vista lumínico, están «incompletas».
Lo peor es que este déficit podría agravar un problema en ciernes: los expertos prevén que casi 5.000 millones de personas (más de la mitad de la población mundial) padecerán miopía para el año 2050.
Esta semana, una investigación liderada por el Centro Hospitalario Infantil de Cincinnati y la Universidad de Alabama en Birmingham (EE.
UU.) señala que el problema no es solo la cantidad de tiempo que pasamos en interiores, sino una longitud de onda muy específica de la luz solar que nuestras bombillas ignoran por completo: la luz índigo.El trabajo, publicado en la revista ' Cell Reports Medicine ', demuestra que suplementar la iluminación de interiores con esta franja del espectro visible detiene por completo el desarrollo de la miopía en modelos animales.
El hallazgo abre la puerta a una solución sencilla: modificar el diseño de las bombillas en colegios y guarderías para proteger la visión de millones de niños.La miopía aparece cuando el globo ocular se alarga en exceso de delante a atrás.
Esto provoca que las imágenes no se enfoquen directamente sobre la retina, sino delante de ella, volviendo borrosos los objetos lejanos.
Más allá de la molestia de depender de gafas o lentillas, las graduaciones altas incrementan de forma severa el riesgo de sufrir complicaciones graves en la edad adulta, como desprendimiento de retina, glaucoma o degeneración macular.Para entender cómo influye la luz en este proceso de deformación del ojo, los investigadores recurrieron a las tupayas , unos pequeños mamíferos parientes de las musarañas pero genéticamente muy cercanos a los primates, y cuyo sistema visual resulta casi idéntico al humano.
Los científicos equiparon a los animales con unas diminutas gafas diseñadas para inducir una miopía severa en uno de sus ojos mientras mantenían el otro como control.La pista que la luz UV no pudo resolverEn ensayos previos realizados con ratones, la comunidad científica había observado que la luz violeta (de unos 380 nanómetros) frenaba la miopía al activar un fotorreceptor del ojo denominado opsina 5 (OPN5).
Sin embargo, esa receta no funcionaba en animales superiores.
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