Una dieta con ultraprocesados deja una huella invisible en el cerebro de los adultos sanos y acelera su envejecimiento
Un estudio detecta lesiones cerebrales prematuras antes de la aparición de síntomas. "Hasta ahora, este tipo de huella se asocia a etapas más avanzadas de la vida", resaltan los investigadores
El consumo de alimentos ultraprocesados se ha triplicado en España en las tres últimas décadas. Y esto tiene sus consecuencias. A finales de 2025 The Lancet hacía un llamamiento a un cambio en los patrones nutricionales, ya que existe un riesgo real de que lo que ponemos en el carro de la compra tenga efectos indeseados en nuestro organismo. Ahora una investigación canadiense ha puesto el foco en las repercusiones de este tipo de productos en adultos sanos: aquellos que consumen grandes cantidades -como aperitivos envasados, cereales azucarados para el desayuno, refrescos, fideos instantáneos y comidas congeladas listas para consumir- tienen un mayor riesgo de daño cerebral y esto supone más probabilidades de sufrir un ictus y problemas de memoria en el futuro.
Las conclusiones de este trabajo han visto la luz en JAMA Network Open y ha contado con la participación de canadienses de entre 35 y 69 años, procedentes de diversas comunidades del país y sin antecedentes de enfermedades cardíacas. Los investigadores emplearon imágenes por resonancia magnética (IRM) para examinar el cerebro de cerca de 9.000 personas y detectaron pequeñas áreas de daño con mayor frecuencia en aquellos participantes que consumían más alimentos ultraprocesados, en comparación con quienes consumían menos.
Los participantes con un mayor consumo tenían un 40% más de probabilidades de presentar estos cambios; aunque no generan síntomas evidentes, se consideran señales de alerta temprana que pueden aparecer años antes de que se produzca un accidente cerebrovascular o surjan problemas de memoria. «Francamente, no esperaba este hallazgo. Estudiamos a canadienses de mediana edad que no presentaban problemas cardíacos ni otros problemas de salud», comenta en una nota Russell J. de Souza, autor principal del estudio, científico asociado en el Population Health Research Institute (PHRI) de la Universidad McMaster y Hamilton Health Sciences.
La mayor presencia y cantidad de alimentos ultraprocesados también está detrás del aumento de la proporción de grasa corporal y, en particular, de grasa abdominal profunda (pegada a los órganos), en comparación con quienes consumían menos. Este tipo de grasa se asocia a procesos inflamatorios y a daños en los vasos sanguíneos que pueden afectar también al cerebro. Souza también advierte de que «por lo general, este tipo de daño se asocia con afecciones que solemos observar y tratar en etapas mucho más avanzadas de la vida».
Sonia Anand, coautora principal del estudio e investigadora sénior en el PHRI, comenta a través de una nota que sus hallazgos sugieren que «el vínculo entre la dieta y la salud cerebral podría detectarse antes de que las personas experimenten problemas evidentes de memoria o de capacidad cognitiva».
Por cada 10% de alimentos ultraprocesados que incluimos en la dieta diaria sumamos un 3% más de riesgo de mortalidad, advertía hace un año un estudio en la revista American Journal of Preventive Medicine.
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