Ramoni Sánchez Carmona, bióloga: «El mejillón cebra no se puede comer, acumula toxinas y metales pesados»
La reciente llegada del mejillón cebra al embalse de Torre del Águila, en Utrera, ha encendido las alarmas en todo el Guadalquivir.
Este pequeño molusco es una de las especies invasoras más peligrosas del mundo , capaz de destrozar los ecosistemas locales y atascar las conducciones de agua.
Para evitar que el problema se extienda, las autoridades han intervenido y han prohibido la navegación y el baño en el pantano.
Una situación que preocupa bastante a agricultores, pescadores y vecinos de la zona, que ven cómo la plaga amenaza directamente a los ríos de la comarca.No se puede comer ni vender por leyCon la llegada de este animal a la zona, seguro que a más de uno le ha entrado la duda.
Y es que al tratarse de mejillones, mucho pueden preguntarse: ¿se podrían pescar para cocinarlos en casa o venderlos? La respuesta de los expertos no deja lugar a dudas.
De hecho, la bióloga Ramoni Sánchez Carmona, del Colegio de Biólogos, avisa de que «su consumo no es recomendable» bajo ningún concepto.Al ser un molusco que se alimenta filtrando el agua de manera continua, va tragándose y reteniendo todo lo malo que encuentra a su paso.
Con el paso de los días, estos ejemplares acumulan en su interior cantidades importantes de sustancias que pueden ser perjudiciales para la salud, como toxinas y metales pesados .A este peligro sanitario se le suma un motivo legal muy claro.
La normativa actual prohíbe rotundamente vender o mover de sitio especies invasoras.
La propia experta señala que las leyes vigentes buscan « no fomentar su manipulación , lo que podría aumentar su expansión a sistemas todavía no afectados».Cómo ha llegado este mejillón hasta UtreraPara entender cómo un animal que viene de los mares Caspio, Aral y Negro ha terminado instalado en el embalse de Torre del Águila, en Utrera, hay que mirar al movimiento de los barcos y a las actividades que llevan a cabo en el agua.
En su viaje por el mundo, estos moluscos han ido cruzando fronteras agarrados a los cascos de los grandes buques o metidos en el agua que los barcos llevan en sus depósitos para equilibrar el peso.Una vez que la especie consigue llegar a un sitio nuevo, la forma en que se reparten sus crías resulta casi imposible de frenar.
El agua que se mueve de un pantano a otro por las tuberías, o incluso las propias piraguas y barcas de recreo, se convierten en su transporte ideal.
En España, la primera alarma saltó en el verano de 2001 en los embalses del Ebro .
Desde ese momento, el animal fue ganando terreno poco a poco por el resto del país.En la cuenca del Guadalquivir la primera señal de alerta se dio en 2009, cuando se vio que había entrado en el embalse de Iznájar , en Córdoba.
Desde allí, esta especie invasora ha ido bajando por la red de ríos hasta llegar al término municipal de Utrera.
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