José Mercé vuelve a la Bienal para reivindicar el cante de raíz
Sevilla consume las últimas horas del fin de semana en la tarde de un caluroso domingo.
Los uniformes ya están planchados y el sol anda cayendo poco a poco.
Antes, tocar a rebato era avisar de un peligro haciendo sonar muy fuerte las campanas de un territorio, alertar a los tuyos y convocarlos para la conjura.
Por eso, y sirviéndose también de la soleá de su admirado Juan Mojama, José Mercé ha elegido ese título para su regreso a la Bienal de Sevilla.
Él llama a rebato porque quiere advertir a la afición de que se pierde el cante, porque entiende que a sus 71 años ha llegado el momento de erigirse como uno de los guardianes del patrimonio de su cultura.
Y el del barrio de Santiago no lo dice de boquilla, viene a tocar a rebato desde el púlpito al que todo el flamenco mira, desde la altura: la Bienal de flamenco de Sevilla, en el Teatro de La Maestranza.
Y viene convencido, a obrarlo por derecho, con su garganta convertida en campana, reivindicando a la savia nueva, y bendiciéndola ante un gran templo.
Tiene la motivación del espectáculo algo casi místico, pues hace exactamente una década, Mercé desembarcó en la Bienal con la misma propuesta de hoy; tres guitarras para una voz.
Lo que ocurre es que aquel acompañamiento corrió a cargo de los maestros Tomatito, Pepe Habichuela y Alfredo Lagos.
Para esta ocasión, en cambio, ha elegido a tres jóvenes prodigios de la sonanta como son David de Arahal (2000), Manuel Cerpa (2003) y José del Tomate (1998), hijo de Tomatito.
Para terminar de cerrar el círculo.
En el Teatro de la Maestranza hay bulla de gran cita.
El escenario luce casi desnudo.
Dos sillas en el centro, cinco micrófonos de pie a la derecha y un juego de percusión en la esquina izquierda.
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