El enemigo de Europa no llega en patera
Hay una frase que se atribuye, aunque sin confirmar, a José Saramago: "El desplazamiento del sur hacia el norte es inevitable; no valdrán alambradas ni muros: vendrán por millones, huyendo de una hambruna de siglos, y necesitaremos políticos a la altura de las circunstancias". Sea o no la frase del Nobel portugués, acierta en lo esencial. Esta semana hemos visto en Ceuta demasiados dirigentes muy por debajo de la inteligencia y de la altura moral que exige un desafío de esta magnitud. Quienes sí han estado a la altura han sido, una vez más, la mayoría de los ciudadanos ceutíes, que han respondido con humanidad donde algunos fueron a sembrar odio.
Hablar de "invasión", como repite machaconamente la derecha, no explica absolutamente nada. Es un eslogan diseñado para despertar el miedo y ocultar la ausencia absoluta de propuestas . Lo que llega a Ceuta no es un ejército, sino seres humanos que huyen de la pobreza, de la desesperación y de la falta de futuro.
Frente a los bulos y las consignas, conviene acudir a los datos, que no entienden de ideologías ni de campañas electorales. Y los datos son tozudos. La Seguridad Social cerró julio con 22,5 millones de afiliados, la cifra más alta de la historia. También los trabajadores extranjeros alcanzaron un récord: 3,51 millones de cotizantes. Más de 260.000 personas regularizadas han pasado estos días de la economía sumergida a contribuir con impuestos y cotizaciones , sosteniendo, entre otras cosas, un sistema público de pensiones cada vez más tensionado por el envejecimiento de la población. Mientras tanto, España lidera el crecimiento económico de la eurozona, triplica a la Italia de Giorgia Meloni, que hace de la expulsión de inmigrantes un espectáculo político, mientras su economía avanza a paso de caracol.
Pero Ceuta y Melilla no pueden entenderse únicamente desde el aspecto de la inmigración. Son piezas de un tablero geopolítico mucho más amplio. Marruecos , aliado estratégico de Estados Unidos e Israel, utiliza periódicamente la presión migratoria como instrumento de negociación . No es casualidad que Donald Trump reconociera la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Tampoco lo es que algunas voces del Partido Republicano hayan empezado a cuestionar públicamente la españolidad de Ceuta y Melilla, ni que desde Israel se haya llegado a establecer un aberrante paralelismo entre la ocupación de Gaza y la situación de estas dos ciudades, españolas desde siglos antes de que existiera Marruecos como Estado.
El verdadero problema de Europa no es quien llama a sus puertas, sino quienes, desde dentro, trabajan para desmontar el modelo social europeo. Porque lo que realmente define a Europa no es el color de la piel, el origen o la religión de quienes viven en ella. Lo que nos hace europeos son la sanidad pública, la educación pública, las pensiones, los derechos laborales y la igualdad entre hombres y mujeres .
Resulta, cuanto menos, paradójico que quienes más atacan ese modelo se autoproclamen patriotas, mientras actúan como aliados de intereses políticos y económicos situados en Washington, Moscú o Tel Aviv .
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.elplural.com — el contenido pertenece a El Plural.