Algunas observaciones sobre la situación de Ceuta
Se han cumplido ya más de setenta días desde que unos ochenta mil extranjeros forzaran ilegalmente la frontera de España en Ceuta.
Las consecuencias de los hechos, y las de la respuesta que está articulando España a un desafío de este calibre son, y serán, profundas; algunas sólo serán evidentes con la perspectiva que dé el tiempo.
Con esa reserva, lo ya visto permite aventurar algunas observaciones, hechas desde el punto de vista de la seguridad: 1.
Las personas que forzaron la frontera para entrar ilegalmente en España están investidas de una dignidad y unos derechos inalienables y deben, por tanto, ser tratadas con el máximo respeto.
El corolario de esta evidencia, sin embargo, no es que, por ello, haya que invitarles a entrar y permanecer libremente en territorio nacional.
El respeto a las fronteras es un principio básico del orden internacional, y su defensa, un derecho, como también lo es el que tienen los ceutíes a vivir en un entorno adecuado, en términos de seguridad humanafísica, social, medioambiental, y sanitariaque también debe ser protegido, máxime considerando que contribuyen al erario con sus impuestos.
2.
La protección de las fronteras contra agresiones e intrusiones es una de las principales responsabilidades de cualquier Estado.
Erigir obstáculos físicos que las visibilicen, y que disuadan de su violación es legítimo.
Un elemental principio militar dice que, para que un obstáculo sea eficaz, debe estar vigilado y cubierto.
De no ser así, será vencido más pronto que tarde.
Los procedimientos de protección y reacción ante intrusiones deben estar estudiados, dotados, y ensayados de antemano.
Improvisarlos es inútil.
3.
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