Feijóo, contra los fantasmas de 2023
La tarde de las elecciones generales del 3 de marzo de 1996 , Pedro Arriola entró en el despacho de José María Aznar en la calle Génova anunciando el fracaso.
Fuera se escuchaban a todo volumen los gritos de los simpatizantes del PP coreando “¡Pujol, enano, habla castellano!”, así que Miguel Ángel Rodríguez ordenó al técnico de sonido del PP que subiera al máximo los decibelios de la música para mitigar los cánticos.
Con el sonido del bullicio entrando por las ventanas del despacho de Aznar, Arriola tragó saliva y soltó: “Hemos perdido las elecciones”.
El entonces líder del PP se revolvió en su asiento y se indignó ante su asesor de cabecera: “¿Pero cómo puede ser que hayamos perdido, si el viernes sacábamos ocho puntos de distancia al PSOE?“.
Arriola estaba equivocado y Aznar ganó las elecciones esa noche pero, a diferencia de la amplia victoria que pronosticaban las encuestas, lo hizo con una estrechísima distancia del PSOE, de tan solo 290.000 votos y poco más de un punto porcentual con Felipe González.
Así que se vio forzado a gobernar con el apoyo del mismo Pujol contra el que coreaban sus militantes.
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