Islandia vuelve a mirar a Europa, un posible refugio ante la imprevisibilidad de Estados Unidos y Rusia
Un 'sí' a la reapertura de negociaciones de adhesión al bloque comunitario señalaría la necesidad de la isla de contar con aliados fuertes y afines
Islandia no vota este sábado si se convierte en el 28.º Estado miembro de la Unión Europea , sino si quiere volver a planteárselo en serio, retomando las negociaciones de adhesión que decidió suspender en 2013, cuando la crisis de deuda soberana dominaba el panorama en la isla y en el continente. Por tanto, una victoria de la opción europeísta -que según los sondeos tiene sólo una ventaja mínima- no significaría todavía la entrada. Aun así, este referéndum tiene una gran importancia para la UE.
Hace ahora 10 años que el Reino Unido decidió abandonar el bloque comunitario y, desde entonces, el clima político en los 27 se ha ido inclinando hacia el reforzamiento de los partidos soberanistas. Al mismo tiempo, el entorno exterior no ha dejado de hacerse cada vez más hostil para una visión europea del mundo, tan distinta del expansionismo del Kremlin, la asertividad de Pekín o el transaccionalismo de Donald Trump. Así que un sí este fin de semana señalaría que una sociedad tradicionalmente muy celosa de su independencia e identidad empieza a considerar que, en un entorno tan incierto, se requiere compartir soberanía con otras democracias avanzadas.
Para Islandia, al menos para su Gobierno y para la mitad de sus ciudadanos, tiene doble sentido dar el paso: por un lado, por la necesidad de contar con aliados fuertes y afines en el actual momento internacional tan complejo y, por otro, porque el país -al ser parte de Schengen y del Mercado Interior - ya aplica buena parte de la normativa que viene de Bruselas sin poder intervenir en su elaboración. Hay obstáculos, claro, como la pesca o la adopción del euro.
Para la UE supondría algo muy poco habitual en los últimos años. En los Balcanes y entre los vecinos de Rusia hay una larga cola de candidatos a entrar en el club. Pero aquí se trata de un aspirante muy próspero, con la economía plenamente estabilizada tras las convulsiones financieras de hace quince años, y que disfruta una democracia consolidada. Que decida llamar a la puerta del proyecto europeo no parece algo menor cuando se compara con el nulo apetito de Ucrania por unirse a Rusia, de Taiwan por ser una provincia más de China, o de Canadá y Groenlandia por hacer a América más grande .
La agresividad de las grandes potencias que antagonizan con Occidente, el creciente peso estratégico del Ártico y las dudas sobre la previsibilidad de Estados Unidos han aumentado el valor de los vínculos europeos para un país pequeño, sin fuerzas armadas propias y situado en un punto decisivo del Atlántico Norte.
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