Un laberinto de 170 kilómetros de galerías subterráneas para 'alimentar' Madrid
En el subsuelo de la capital hay una red de túneles que te permiten llegar de Gran Vía o el Banco de España a las cinco torres o el Bernabéu sin salir a la superficie.
Eso sí, entre una maraña de tuberías y cables por los que difícilmente caben, caminando codo a codo, más de dos personas.
Son las galerías de servicio, un entramado de caminos subterráneos por los que discurren las canalizaciones de agua, electricidad y comunicaciones.
Y no es pequeño: tiene 170 kilómetros y más de seis millones de cables, señala Carlos Rubio, subdirector general de infraestructuras, desde el Centro de Control de Instalaciones Urbanas, donde más de una veintena de personas vigilan día y noche, 365 días al año, tanto estas galerías como los túneles urbanos, las fuentes ornamentales y el alumbrado público, unas 260.000 farolas.«Madrid es la ciudad europea que más kilómetros de galerías de este tipo tiene, con diferencia.
El Canal de Isabel II cuenta luego con otros 25 o 30 kilómetros más, pero nada que ver con estas.
Esta infraestructura, esencial, tiene múltiples ventajas.
La primera la seguridad, pues lo tienes todo controlado, y la segunda el tema de las averías y renovaciones.
Este verano ha habido que hacer cambios en las tuberías de agua de la Gran Vía.
Sin las galerías hubiéramos tenido que abrir la calle, sería impensable», apunta Rubio.
Desde el centro de control, situado en los bajos de Azca , los funcionarios del ayuntamiento ven en un gran panel multipantalla quién entra y sale de estas galerías.
Sus ojos en el interior de estos túneles son las 526 cámaras y los 900 detectores de presencia que hay distribuidos en los más de 250 accesos que hay por toda la ciudad.
No es extraño encontrar técnicos de la empresa pública del agua haciendo tareas de mantenimiento u operarios de las distintas empresas de telecomunicaciones poniendo a punto el cableado.
De hecho, ya se han cambiado todos los antiguos cables de cobre de estas galerías por fibra óptica. «Necesitamos saber en todo momento quién hay trabajando y dónde por si hubiera una incidencia como fuego, una inundación…», apunta Rubio.
O por si alguien quisiera boicotearles: «El acceso no autorizado puede provocar un problema tremendo, desde la broma de cerrar una llave de paso y dejar a una zona sin agua hasta un ataque terrorista".
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