Shakira conquista Macondo y convierte el realismo mágico en realismo pop
Llegué a Macondo porque me dijeron que acá tocaba Shakira . ¿No era así? No, era mejor: muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a derretir el hielo… En este parque –Macondo Park– las cosas pueden empezar de cualquier forma, por ejemplo con un espectáculo flamenco simultaneado con un desfile de moda, que sucede mientras una psicóloga y una novelista debaten sobre las opresiones de la mujer y una voz en off narra en un salón lleno de pufs el principio de la gran novela de Gabriel García Márquez , al que Shakira le ha robado el naming para montar su residencia de doce conciertos en Madrid, que se consumen más como un día en el parque de atracciones que como un simple espectáculo musical: esto se parece a Fabrik, pero con música latina.
Aquí, es evidente, no rige la literalidad, sino la mezcla, el caos, el kitsch, el pastiche y otras cosas que aún no tienen nombre pero pueden señalarse con el dedo.
Como esa mujer que cruza la puerta (un matrimonio entre arco del triunfo y arcoiris) y corre gritando con los brazos abiertos: «Es mi sueeeeño».
Es difícil saber quién se está grabando y quién no, quién baila, quién actúa, quién posa, quién vive, quién performa: ¿y no va de eso el reino del pop? El colorido del parque es casi psicodélico, entre las alfombras y las carpas y los outfits, algunos trabajadísimos. «Nosotros venimos de 'Las de la intuición'; en mi opinión, es su mejor era», comentaba el portavoz de un grupo de siete uniformados, con pelucas lilas, camisas blancas y corbatas negras.
Al lado, una madre reparte pulseras para luchar contra la enfermedad de Duchenne y Becker, que padece su hija.
Hay muchas banderas colombianas, venezolanas, mucha latinoamericanidad unida por Shakira. «Es un orgullo», dicen varias asistentes.
Dos peruanas cuentan que han venido de Lima solo para esto: «Ha sido largo, ha sido duro, pero ha valido la pena totalmente».
Llevan dos gorras de loba que han diseñado ellas mismas, aunque no son las únicas que han escogido la personalidad lobuna. «Esto parece 'Juego de tronos', con tanto lobo», se reía un consumidor irónico.
Si el hombre es un lobo para el hombre, Shakira es una loba para la mujer: lo primero sirvió como justificación del poder Estado y lo segundo del 'crop top'.
En muchas se lee: las mujeres facturan.
Se espera que por aquí pasen 600.000 personas.
Pagando, claro.En la biblioteca (no es broma), Carolina Reoyo conversa con Melba Escobar sobre cuál es el gran tema de 'Cien años de soledad': ¿el poder o la memoria? Es un club de lectura, así que el público pregunta. ¿Has dicho que todos los hombres de la novela son estúpidos? «No, he dicho inútiles».
Y así.
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