Triunfo para una 'Carmen' discreta en la escena y notable en lo musical
' Carmen' , la obra maestra de Bizet, forma parte de un grupo de óperas cuya traslación no tanto de época como de contexto iconográfico, casi geográfico, resulta problemática, puesto que música y texto apuntan a incontables referencias a un entorno concreto en que los hechos acontecen.
No podemos decir que la Andalucía del cliché se convierte en un personaje más, pero casi.
Si bien el tema de fondo que desarrolla es universal (el amor transmutado en posesión por mor de los celos y las nefastas consecuencias de ello), el contexto cultural donde se desarrolla la acción forma parte del carácter mismo de la ópera.Se me ocurren ahora mismo otros casos como 'Turandot', quizás 'Cavallería Rusticana', entre otras.
Y es que algunos clichés son parte esencial de la obra, aunque parezca un contrasentido.
Afortunadamente en esta, en cierta forma fallida, concepción escénica del norteamericano Ted Huffman, Escamillo es un torero porque hasta que acontece su aparición, uno podría imaginarse cualquier cosa, pero es que un torero es un torero y no cabe trasmutarlo por otro personaje.Es precisamente no poderse evadir de esta caracterización toreril, en el caso de Escamillo, lo que pone en tela de juicio buena parte del resto de la propuesta, en la que no queda claro qué representa realmente ese elemento omnipresente, y parece que de importancia, que es la poco estética tarima que preside los tres actos.MÁS INFORMACIÓN noticia Si 'Carmen' surge del frío y calienta el Palau de les Arts de ValenciaSi es símbolo de algo, no sabemos de qué.
Tampoco si evoca el teatro dentro del teatro.
Pocas o nulas referencias más hay, a lo largo de las dos horas y media, que apoyen esta idea.
El cambio de época, que lo hay, no es lo más relevante pues pueden citarse hitos del libreto original trasladados a la Sevilla de otro tiempo más cercano.
Mid century que se dice ahora para aludir a los años cincuenta.El regista norteamericano prácticamente se olvida de estos, salvo el humo, pues aquí todo el mundo fuma, el calor representado por un ridículo ventilador y no mucho más.
Las cuestiones evocadoras, estéticas incluso, pasan a un segundo o tercer plano y su trabajo se centra, y aquí sí hay que elogiarlo, en una dirección de actores y de masas corales y bailarines sobresaliente.Poco trabajada la intervención de la solista de castañuelas desde un lateral mientras acontece el baile, y muy visto el trabajo con las sillas de toda clase y condición y el confeti para describir el jolgorio del pueblo.
Como cronista de la función hay que decir que el público no puso demasiados reparos a una escenografía nada evocadora a la vista del entusiasmo final.
Sin duda uno de los grandes triunfadores es el todavía insultantemente joven y talentoso director transalpino Michel Spott.
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