La frescura de Aarón Palacio en el territorio de Víctor Hernández (que no se deja ganar la partida)
El gallo Manolo no fue este sábado a los toros, ni tampoco emoción alguna en el encierro de Román Sorando.
Aquerenciados, sosos, descastados...
Así iban saliendo uno tras otro los astados jienenses.
La peor parte se la llevó un torero que da gusto verle, como es Ginés Marín.
Y al que gustaría verle más.
El recibo de capa al primero fue de aquella manera, al igual que el quite por tafalleras, llevando al animal, rematado con una preciosa media.
Apenas se castigó al animal en varas (como ocurrió en los cinco siguientes, porque probablemente no habrían sobrevivido al castigo).
Tras destacar Víctor del Pozo con los palos, torerísimo fue el inicio del extremeño: primero sentado en el estribo, para sacarse a Astuto por doblones y rematando con dos trincherazos de cartel.
Intentó echarle toda la gracia que le faltaba al flojito animal, improvisando pases de pecho rodilla en tierra y sacando unos derechazos largos, rematando las series con pases de lecho de pitón a rabo.
El final de faena, rodilla en tierra, tuvo muchísimo sabor.
Una oreja le habría arrancado, pero estaba el toro entregadito ya, que no puso las cosas fáciles con la tizona.
Y fuera de algún muletazo con su calidad, poco pudo hacer frente a un cuarto imposible.
Ya salió demostrando que no iba a dar opción alguna, y no cambió de opinión.
Lo intentó el torero, pero el animal no servía ni para arrimarse.
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