Del amo de esclavos a la mazmorra: el turbulento viaje de la palabra que inventó los domingos
Nació la palabra, vaya usted a saber cuándo y dónde, en el habla de los primeros romanos, según sospechamos, para nombrar al señor de la casa —de domus , 'casa', viene su nombre—, al que manda, al propietario, al amo de esclavos y de tierras.
Sin perder su instinto original, dominus ha viajado por el tiempo y por las lenguas al servicio de conceptos más o menos relacionados con aquel primer sentido.
A veces llegó vestido de autoridad religiosa , a veces de cortesía social , y a veces, tras un naufragio semántico casi cómico, acabó nombrando la torre de un castillo o el peligro mismo .
He aquí su mapa y su familia léxica.
El castellano acogió el término por vía patrimonial, y la evolución fonética normal del latín dio dueño y dueña , con el matiz de posesión y autoridad que aún conservamos.
Por otra vía, el vocativo ritualizado domine se abrevió en domne hasta convertirse en don , y su femenino, domina, en doña : títulos de cortesía que ya no implican propiedad, solo respeto.
Dicho de otra manera, la misma palabra latina llegó dos veces a nuestra lengua por caminos distintos y con resultados distintos, un doblete perfecto que rara vez se explica en las clases de lingüística.
El portugués reproduce con fidelidad casi calcada el doblete castellano, y hasta con las mismas dos vías: dono y dona , herederos patrimoniales de dominus con su matiz de propiedad, y dom y dona , tratamiento honorífico que la nobleza y el clero lusos conservan en fórmulas como Dom Pedro o Dona Inês.
El gallego, hermano de crianza del portugués, mantiene el mismo par —dono y dona para el dueño, don y dona para el tratamiento— junto al domingo.
De 'dominus' y 'senior' a don José y señor López: el origen de los tratamientos de respeto Rafael del Moral Los romanos usaban 'dominus' para designar al propietario de esclavos o cabeza de familia, y a partir del siglo I para dirigirse al emperador.
Ese término derivaría siglos más tarde en 'don' De la misma familia, a través del sustantivo dominium ('señorío, propiedad') y del verbo dominari, proceden dominio , predominio , dominar y dominante .
En el cristianismo pasó a utilizarse como título de Dios y de Cristo: Dominus fue 'el Señor', y dies dominicus, 'día del Señor', el primer día de la semana, que se redujo a dominicus y después a domingo , con un cambio muy característico: el paso de la velar sorda /k/ a la velar sonora /g/.
Las lenguas romances conservaron la denominación cristiana: el italiano domenica , el francés dimanche , el catalán diumenge , el occitano dimenge .
Otras, como el inglés Sunday ('día del sol'), conservaron denominaciones paganas o astronómicas.
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