Ensalada de tiros
En la madrugada del martes, el cadáver de un hombre tiroteado yacía en la calle Pintor Pacheco de Marbella sin que el suceso haya merecido demasiada atención mediática: lo repetitivo no es noticia.
Hace mucho que Hannah Arendt teorizó sobre la capacidad del ser humano para asumir lo inasumible si la frecuencia y el contexto coadyuvan a esta «banalización del mal».
Un muerto al borde del Mediterráneo malagueño, en fin, pesa poco en la misma semana en la que una patrullera del Servicio de Vigilancia Aduanera ha sido tiroteada por narcotraficantes en el Atlántico onubense, donde unos días antes una vendetta entre clanes se había cobrado otras tres víctimas mortales.Jorge Fernández Díaz, tocayo del exministro empapelado y ganador del último Premio Nadal con una emotiva novela titulada 'El secreto de Marcial', es un fino conocedor de los bajos fondos y sus conexiones con el 'deep state' que, en su saga sobre el exespía Remil, describe a la perfección las rutas marítimas del crimen internacional, uno de cuyos santuarios es la costa andaluza.
Juanma Moreno, que no en vano se plantó hace una semana en Ceuta para respaldar a Juan José Vivas, se está empezando a interesar por este asuntillo.
Ya era hora, ocho años después de su llegada al poder.Mucho antes de que Pedro Sánchez complaciese a la elite económica marroquí que controla el tráfico de sustancias y personas en el Estrecho con el desmantelamiento de OCON-Sur, entre pútridas maniobras cloaquiles, los expertos en seguridad más solventes ya habían advertido sobre la mexicanización de algunas comarcas de Andalucía.
Por eso en 2018 se montó una unidad especializada de la Guardia Civil, precisamente, después de que una serie de sucesos –con varios muertos, palizas a agentes fuera de servicio y una creciente sensación de impunidad– pusiesen al Campo de Gibraltar en la linde del estado fallido.
En su etapa como ministro del Interior, tras el asalto de una multitud encapuchada a un hospital para liberar a un capo preso, Juan Ignacio Zoido dejó una imagen turbadora en un cuartel de la Guardia Civil de La Línea: parecía un fortín asediado, una presencia semiclandestina y vergonzante en un territorio en el que la autoridad real residía en los malhechores, como ocurría en el Goyerri durante los años de plomo.Su sucesor, Fernando Grande-Marlaska, que ha tenido el cuajo de postularse tres veces como diputado cunero por Cádiz, ni siquiera se molesta en disimular la degeneración de su ministerio a sucursal de los intereses alauitas.
La palabra «impotencia» es la más usada estas semanas por los miembros de los Cuerpos de Seguridad.
El enseñoramiento de los cárteles en las calles, que al principio era apenas visible, deja ya víctimas colaterales como el menor de Isla Cristina al que asesinó una bala perdida.
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