El abandono de la viuda de un sargento asesinado por ETA: «Antes tenía miedo, ahora me duele la soledad»
Cerca de 800 kilómetros separan Lasarte de Medellín, en Badajoz.
Son algo más de siete horas de coche.
Para Cati es casi una odisea.
Conducir tanto tiempo sola le cuesta cada vez más.
Sobre todo, desde que lidia con una larga enfermedad.
Ya no puede hacer el viaje que tantas veces hizo en un solo día.
Necesita tomárselo con calma y hacer parada a mitad de camino, pero no prescinde de todo lo que supone para ella volver a su pueblo, a su tierra.
Este verano, como los anteriores, ha vuelto a subirse al coche con el arrojo y gallardía que la convirtieron en una de las voces más reconocidas de la lucha contra la banda terrorista ETA.
Además, lo necesita más que nunca.
Para respirar.
Y para sentirse acompañada, algo que hace mucho no es capaz de sentir en el País Vasco.
Venía, de hecho, sintiéndose físicamente mal desde hacía meses.
Sin embargo, cuenta que, a mitad de camino, cuando paró a descansar y hacer noche en un hotel, sintió alivio: «He tenido que llegar a Valladolid para, simplemente, sentir que estoy en otro sitio».
Sirve el detalle para entender el peso que hay detrás de lo que dice y cuenta.
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