La psicología tiene claro por qué en septiembre nos da por apuntarnos al gimnasio (y no es pura casualidad)
Septiembre huele a libros nuevos, a vuelta a la oficina y, sobre todo, a nuevos hábitos.
Y es que, aunque la tradición dicta que dejemos los grandes propósitos de cambio para el uno de enero, la economía conductual y la psicología tienen una perspectiva muy distinta.
La ciencia aquí apunta a que el inicio de curso actúa como un poderoso resorte en nuestros cerebros para adoptar un nuevo hábito.
No es nuevo.
Cualquiera que haya pisado un gimnasio la segunda semana de septiembre o haya revisado las tendencias de búsqueda en internet sabe que algo cambia a finales del verano.
De repente, la motivación para hacer dieta, organizar las finanzas o empezar a correr se dispara, y lejos de ser una simple coincidencia o una moda pasajera, este comportamiento responde a un mecanismo psicológico profundamente estudiado conocido como el "efecto del nuevo comienzo".
Y la base de este fenómeno fue descrita de forma exhaustiva en un artículo publicado en 2014 que demostró que la motivación humana no es lineal, sino que experimenta picos muy marcados alrededor de lo que denominaron "hitos temporales".
En Xataka La ciencia de crear un hábito: lo que podemos aprender de la investigación para crear nuevas rutinas este año ¿Por qué? Para entender por qué septiembre es tan efectivo, hay que comprender cómo procesa el tiempo nuestro cerebro, puesto que los hitos temporales actúan como fronteras psicológicas.
Aquí podemos tener eventos de calendario como el inicio de un nuevo mes o de año, y eventos personales como un cumpleaños o la vuelta de las vacaciones.
Lo que logran estas fechas es crear "nuevos periodos mentales" que nos separan de nuestro yo del pasado, puesto que, como relata una revisión de 2017 , el cerebro utiliza estos hitos para abrir una "nueva cuenta mental".
Y es que si en el pasado fuimos perezosos o desorganizados, ese comportamiento se le atribuye al "yo pasado imperfecto".
Pero, por suerte, el hito temporal nos permite hacer borrón y cuenta nueva, asumiendo que nuestro "yo presente" tiene la capacidad de alinearse por fin con nuestras aspiraciones.
En nuestro caso, septiembre funciona como un hito social masivo y compartido.
Y es que no solo marca el fin del ciclo vacacional, sino que impone una reorganización forzosa de rutinas, ya que hay cambios en los horarios, las horas de sueño, las comidas y las responsabilidades familiares.
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