Logran, por primera vez, mantener vivos minicerebros humanos durante seis años
En investigación médica, ' organoides ' es la palabra de moda.
Se trata de diminutas réplicas tridimensionales y miniaturizadas de tejidos humanos que los científicos crean en sus laboratorios a partir de células madre pluripotentes.
Estructuras milimétricas que se autoorganizan y reproducen en las placas de Petri la arquitectura y el funcionamiento básico de los órganos reales.
Tenemos ya organoides de un buen número de órganos : corazones, hígados capaces de segregar bilis, riñones en miniatura, intestinos, pulmones y, por supuesto, también del órgano más complejo de todos: el cerebro.Sin embargo, y a pesar de sus enormes ventajas y de haber supuesto un salto de gigante en neurobiología, estos organoides cerebrales tenían un serio problema: apenas lograban sobrevivir y 'evolucionar' durante unos pocos meses mientras que un cerebro humano, por el contrario, es una maquinaria que tarda unos veinte años en madurar por completo.
En la práctica, eso significaba que estos 'minicerebros' sólo permitían investigar la evolución cerebral durante los primeros meses de vida de un bebé.
Pero no era posible predecir cómo podrían evolucionar a largo plazo ciertas patologías del neurodesarrollo o enfermedades psiquiátricas.Pero eso acaba de cambiar para siempre.
Un equipo de investigadores financiados por los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de EE.UU. y dirigidos por la bióloga Paola Arlotta, de la Universidad de Harvard, acaba de lograr algo que parecía imposible: mantener vivos y en constante maduración organoides cerebrales durante casi seis años.
El trabajo, recién publicado en ' Nature ', marca un antes y un después en la investigación del cerebro humano.Como explican los propios autores, cultivar con éxito durante años en laboratorio este complejo tejido, repleto de múltiples tipos de células cerebrales, nos permite al fin obtener una representación extraordinariamente precisa de cómo se desarrollan y maduran nuestros cerebros a lo largo del tiempo.Superando la barrera del tiempoEn el pasado, cualquier intento de prolongar la vida de estos delicados tejidos chocaba siempre contra el mismo muro.
Por un lado, los organoides cerebrales acababan teniendo una altísima variabilidad entre los distintos lotes, lo cual limitaba mucho la continuidad de las investigaciones; y por otro, las células más vulnerables y preciadas, como las neuronas, morían inevitablemente de forma prematura.
El equipo de Arlotta ya había dado un gran paso en investigaciones anteriores, logrando crear un método para producir organoides de la corteza cerebral a partir de células madre que garantizaba una composición celular altamente consistente.
Pero aún había que superar el 'salto temporal'.
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