El primer 'banquete' de la Vía Láctea: así fue el colosal choque que forjó nuestra galaxia
Nuestra galaxia, la Vía Láctea, no es en absoluto el lugar pacífico que aparenta ser.
Su historia, por el contrario, está escrita golpe a golpe, encontronazo a encontronazo, con una violencia extrema .
Y es que, como un gigantesco 'depredador' espacial, la Vía Láctea ha crecido a lo largo de eones a base de despedazar, devorar y asimilar a sus vecinas más pequeñas.
Es lo que los astrónomos conocen como 'canibalismo galáctico', el verdadero motor arquitectónico del Universo.Hasta ahora, sabíamos gracias a investigaciones previas que la Vía Láctea se había pegado un auténtico festín hace unos 10.500 millones de años, cuando chocó y absorbió a una galaxia enana conocida como Gaia-Sausage-Enceladus (la 'salchicha de Gaia', bautizada así por la peculiar órbita alargada de sus restos).
Aquel evento fue tan cataclísmico que moldeó el halo estelar de nuestra galaxia tal y como lo conocemos.
Sin embargo, reconstruir las etapas evolutivas aún más tempranas de la 'proto-galaxia' original siempre había sido un rompecabezas casi imposible de resolver.
Hasta hoy.Un nuevo estudio publicado en ' Nature Astronomy ', en efecto, acaba de arrojar luz sobre las tinieblas de nuestro pasado más remoto.
En él, el astrónomo Davide Massari y sus colegas explican cómo han hallado pruebas irrefutables de un evento de fusión aún más antiguo y masivo que el de hace 10.500 millones de años: una colisión monumental que tuvo lugar aproximadamente 1.800 millones de años antes que el choque con Gaia-Sausage-Enceladus.
Es decir, hace unos 12.300 millones de años, cuando el Universo era prácticamente un recién nacido.Fósiles en forma de cúmulosEl proceso de canibalismo galáctico es lento, pero implacable.
A medida que una galaxia menor se acerca demasiado, las fuerzas de marea gravitatoria de la Vía Láctea la estiran y la desgarran, esparciendo sus estrellas en largas corrientes que terminan por ser asimiladas.
Sin embargo, los núcleos estelares más densos de esas galaxias devoradas, los cúmulos globulares, logran sobrevivir al desgarro y se mantienen enteros, orbitando como testigos silenciosos de la tragedia.Para llegar a esta conclusión, los investigadores no buscaron 'galaxias fantasma' enteras, sino que rastrearon sus 'huesos', es decir sus restos en forma de cúmulos globulares.
Así, y utilizando el Telescopio Espacial Hubble, el equipo de Massari analizó 39 de estas densas 'esferas estelares' que orbitan en el interior de la Vía Láctea.
Estos enjambres esféricos de estrellas, tremendamente compactos, funcionan como cápsulas del tiempo y guardan, intactos, mensajes de épocas ancestrales.Por medio de modelos estadísticos avanzados, los científicos aplicaron un proceso llamado 'secuenciación de edad-metalicidad'.
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