¿Qué fue de Virgilio?
En octubre de 1944, aún en plena guerra, T.
S.
Eliot pronunció una conferencia titulada '¿Qué es un clásico?' ante la Sociedad Virgilio de Londres.
Su propósito, según explicó él mismo, consistía en tratar de aclarar los condicionantes que hacían posible que un autor adquiriera tal dignidad.
Su conclusión fue que un clásico solo puede aparecer cuando una civilización ha llegado a su 'madurez', entendida como la consolidación de una lengua, una imaginación y unas maneras .
A su juicio, el autor de la 'Eneida' cumplía todos esos requisitos, hasta el punto de que su autoridad dejó tras él una tierra quemada que solo reverdecería con la aparición de Dante , quien tomaría el testigo para ocupar el centro de un canon europeo ya plenamente cristiano.
Virgilio había conducido a Dante hasta las puertas de un nuevo orden religioso en el que, como dice él mismo en el 'Purgatorio', «por mí mismo no discierno».
Eliot se había pasado toda su juventud rebelándose contra el canon heredado de los románticos, el cosmos literario secular que había encumbrado a Shakespeare como padre de la modernidad.
En su reivindicación de Virgilio como 'Spiritus rector' de la cultura occidental había por tanto aún mucho de su propia estrategia crítica, en la que él mismo se postulaba como descendiente en un árbol genealógico que se había creado 'ad hoc'.
El poeta de Mantua era el precursor de una visión católica del mundo, escanciada en perfectos hexámetros dactílicos, adaptación del modelo homérico y fiel trasunto de la épica que Augusto había encarnado en la Roma imperial.
Algunas décadas más tarde, concretamente en 1961, Robert Graves fue nombrado 'Profesor de Poesía' en Oxford, una distinción honorífica que se remonta al siglo XVIII y que obliga al elegido a impartir una serie de conferencias durante unos años acerca del arte poético.
En su segunda lección, titulada elocuentemente 'The Anti-Poet' , Graves se dedicó, muy consciente de su sacrilegio, a despellejar a Virgilio, tachándolo de poeta falso y oficial, «apolíneo», el exacto opuesto del medieval John Skelton que había ensalzado en su primera conferencia y que a su juicio era el muse poet, el verdadero poeta de las musas y no el siervo de los poderosos.
Graves llevaba toda su vida, en su exilio de Mallorca, combatiendo los dogmas del canon literario occidental y cristiano, tratando de rescatar una olvidada tradición que a su juicio había profesado un culto a la luna y a la mujer, antes de la imposición patrilineal instituida en el Olimpo griego.
En su lección, Graves demuestra un conocimiento apabullante y tremendamente particularizado de la lengua latina, atreviéndose incluso a tutear a Virgilio, riéndose de su forma de versificar y de su ineptitud como poeta.
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