El túnel
Se supone que la mayoría de las personas quieren comer en una mesa, sentados en cuatro sillas, como una familia, quien la tenga, o como cualquier individuo solitario que se baste con una sola donde sentarse.
En Argentina, después de lo visto, a quien tiene que preocuparse de que esto suceda, se la trae al pairo, y no crean que es una reflexión que parte de una teoría o una hipótesis fruto de un pensamiento abstracto, no, mal pensados haylos por doquier, de manera que los fundamentos son sólidos, los datos objetivos y necesarios, y lejos de ser, no serán elucubraciones mías.
Tampoco imaginaciones creativas como las desarrolladas por Jorge Luis Borges en su literatura.
La pobreza desorbitada del pueblo, después de todo, cuesta asimilarla, resulta complicado encontrar el significado de una suposición a modo de mensaje, cuando son más los inconscientes a la hora de depositar su voto en las urnas, y no por ninguna cuestión elemental.
Después de la mala educación mostrada por sus futbolistas con un equipo señor, como el nuestro, me lo creo todo. ¿Y ahora qué? ¿A qué versiones debemos creer después de las manipulaciones de según qué diarios? Hace años leí un libro conocido por todos, o por todos los que ahora empezarán a conocerlo, sus páginas hablan de la desmemoria, me refiero a El Túnel, la novela de Ernesto Sábato, donde su protagonista, Juan Pablo Castel, narra desde la cárcel su obsesión y su incapacidad para comunicarse con los demás porque lo aíslan en una soledad absoluta, llegando a vivir la realidad a través de una distorsión psicológica radical.
Pues este mismo pienso que será el problema que debe atravesar, tanto el presidente de la república argentina, sus asesores y esa parte de la población que le aupó al podio desde donde, permítanme decirlo, hunde cada vez más los viejos valores del pueblo de Gardel, Diego Armando Maradona, el Papa Francisco y alguno más, como Sábato, ejemplos de una realidad mejor en una nación donde el arte con sus cinco premios Nobel, tres en ciencias (Bernardo Houssay, Luis Federico Leloir y César Milstein) y dos de la Paz (Carlos Saavedra Lamas y Adolfo Pérez Esquivel), mostró al planeta entero su potencial intelectual. ¿Pero a quién puede importarle la realidad cuando la irrealidad es su mejor aliada? Es cierto que para estos personajes, el estado es una empresa, pero estar bajo mínimos, no solo en las encuestas, sino en el tono referido a la empatía con la sociedad, osea, la popularidad, resulta muy alarmante, sobre todo cuando la población para llegar a fin de mes recurre a préstamos bancarios con tal de solventar la papeleta y el representante del pueblo se dedica a vender por parcelas el país entero al multimillonario de turno.
13 millones de hectáreas están en manos extranjeras.
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