Carlos 'El Chacal': «Maté a 83 personas con mis manos. Otras mil murieron por orden mía. Solo lamento que algunas escaparan»
Bien entrado en los setenta y tres décadas después de su encarcelamiento en una prisión francesa, este hombre todavía sabe cómo hacer una entrada triunfal.
Crece el murmullo a lo largo del pasillo mientras el preso número 11939, despacio pero erguido, camina desde su celda hasta el vis a vis.
Se giran las cabezas al oír su voz, preservado su tono de barítono, si bien más ronco de lo que nos remite la memoria.«Monsieur Carlos, bonjour», saludan los guardias a su paso y él devuelve el gesto con movimientos de cabeza o alzando los puños para simular un golpe de boxeo.
No cabe duda, la Maison Centrale de Poissy, histórica cárcel de máxima seguridad a treinta kilómetros del centro de París, es un mundo reducido donde Carlos el Chacal es toda una celebridad.
El condenado recibe a su invitado con una sonrisa.
Viste vaqueros color caqui, suéter, cazadora de cuero marrón y gorra a juego.
Se la retira, se alisa sus ralos cabellos blancos y se disculpa por su barba de varios días.Mi encuentro con Carlos el Chacal tuvo lugar en esta prisión donde cumple cadena perpetua, una de las tres penas impuestas en los múltiples juicios celebrados tras su captura en 1994.
Fue posible tras meses de solicitudes y la culminación de un proceso de investigación de dos años para mi libro The Jackal: the rise and fall of Carlos, the world's first super-terrorist ('El Chacal: auge y caída de Carlos, el primer superterrorista del mundo'), sin traducción al español.Carlos, en 1990 con su primera esposa, la terrorista alemana Magdalena Kopp, y la hija de ambos, Elba Rosa.
El Chacal fue capturado tres años después.Ilich Ramírez Sánchez, su verdadero nombre, fue condenado por el asesinato o intento de asesinato de decenas de ciudadanos franceses, delitos de los que jamás ha mostrado arrepentimiento.
Como periodista que lleva dos décadas escribiendo sobre terrorismo, quería reexaminar su violenta trayectoria para, lejos de glorificarlo, comprender las fuerzas que lo moldearon en un momento crucial de la historia de los movimientos terroristas.Conversaciones clandestinasTras aceptar múltiples restricciones –nada de cámaras o equipos de grabación, compromiso de no publicar una entrevista literal que le sirva de plataforma...– pude pasar con él algo menos de 90 minutos.
Sin embargo, además de mis notas, tuve acceso a las transcripciones de las casi doce horas de conversaciones telefónicas grabadas a escondidas entre el Chacal y el cineasta israelí Yaron Niski, registradas a lo largo de varias semanas con ayuda del abogado del condenado.«Deberían haberme matado cuando era adolescente.
Dios me ha protegido.
Alá me ha protegido.
Y sigo vivo»Trasladado de una prisión francesa a otra durante años, pasa hoy sus días en una celda cómoda pero solitaria.
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