Europa busca una segunda vida para las artes de pesca
Cada año, cerca de 26.000 toneladas de artes de pesca llegan a los puertos europeos al final de su vida útil.
Redes, cabos y otros aparejos que han pasado meses o años trabajando en el mar deben entonces encontrar un destino, pero una parte de estos materiales ni siquiera llega a tierra.
Las artes perdidas, abandonadas o deterioradas permanecen en el medio marino y pueden convertirse en una fuente de plásticos y microplásticos.Reducir esta contaminación antes de que se produzca es el objetivo que ha guiado durante los últimos tres años al consorcio europeo SEARCULAR, coordinado por el centro científico y tecnológico AZTI y formado por trece entidades vinculadas a la investigación, la fabricación de artes de pesca, el reciclaje, la valorización de materiales y el sector pesquero.
El proyecto ha trabajado junto a pescadores y puertos para buscar soluciones que permitan avanzar hacia unas artes de pesca más circulares y reducir los residuos tanto en el mar como en tierra.El resultado son cuatro propuestas que actúan en diferentes momentos de la vida de estos aparejos: cabos fabricados a partir de redes recicladas, cabos biodegradables, dispositivos agregadores de peces elaborados con materiales naturales y un sistema inteligente para recoger y clasificar las artes en desuso en los puertos.
Más allá de las cuatro soluciones concretas, el proyecto plantea un cambio de enfoque: diseñar las herramientas de pesca teniendo en cuenta desde el principio qué ocurrirá cuando dejen de utilizarse.Pensar en el final antes de fabricarUna red de pesca está diseñada para resistir condiciones especialmente exigentes, pero esa resistencia no siempre facilita su gestión cuando llega al final de su vida útil.
SEARCULAR ha trabajado precisamente sobre esta cuestión, buscando materiales que permitan reducir el impacto durante el uso y faciliten una gestión posterior más eficiente.Una de las soluciones desarrolladas son los llamados dolly ropes, cabos de protección utilizados por los arrastreros y fabricados a partir de redes de cerco recicladas.
Además de incorporar material recuperado, estos cabos presentan una mayor durabilidad que los convencionales, lo que puede reducir tanto el volumen de redes descartadas en los puertos como el desprendimiento de fibras durante su utilización en el mar.El proyecto también ha desarrollado los primeros cabos biodegradables para el cerco danés o demersal seine.
Según los resultados de las pruebas, estos materiales son tres veces más resistentes a la abrasión que los convencionales, una característica que permite reducir el desprendimiento de microplásticos durante las operaciones de pesca.Y la tercera solución cambia el material de unos dispositivos utilizados en las pesquerías de atún tropical con cerco.
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