Los gordos no pueden ganar
El titular de esta columna proviene de una de las reflexiones más lúcidas que he leído sobre la controversia de los cuerpos .
Este concepto, que acabo de sacarme de la manga, creo que define bien los tiempos en los que vivimos, en los que los cuerpos ajenos, y gordos, son sometidos a un escrutinio constante en las redes y, si adelgazan, a la especulación de cómo lo habrán conseguido.
La reflexión del titular es de Rebecca Shaw, la ha publicado en The Guardian , y viene a cuento de la polémica que ha provocado la aparición del actor John Goodman, famoso y reconocido gordo, delgado.
El actor ha explicado que ha perdido 90 kilos, y que lleva cuidándose desde que, en el año 2007, cambió su estilo de vida, dejó el alcohol y las dietas yoyó, y se puso en manos de un entrenador personal y un asesor de estilo de vida.
Sin embargo, las redes no han tardado en acusar al actor de haber usado Ozempic o cualquier otro de los medicamentos que se están utilizando en el tratamiento del exceso de peso.
Fíjense en el verbo, acusar.
Porque si un gordo usa un medicamento, no es porque lo necesite o sea bueno para él.
Es porque hace trampas.
Los gordos deben perder peso cambiando su estilo de vida; deben comer bien, tienen que hacer ejercicio.
Porque si estás gordo es porque no te controlas; porque eres vago, glotón, autoindulgente, sedentario, dejado.
La ciencia ha desmentido continuamente esa relación entre sobrepeso y fuerza de voluntad.
Recientemente hemos conocido, incluso, que existen más de 3.000 variantes genéticas que determinan la predisposición a engordar.
Pero parece imposible desterrar el mito. ¿Por qué? Seguir leyendo
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