Política y religión
Sigue Sánchez en la idea de que son los otros quienes socavan la democracia.
Volvió a ello el domingo por el recurso que ha paralizado la ley de nietos (o la creativa instrucción que presume el exilio).
Y avisó de que no va a perdonar al PP y a Vox por el recurso. ¡Cayetana! Si repasamos las declaraciones del presidente y sus palmeros, lo que no les perdona es su existencia.
Cuando volvió de La Mareta dijo que la Segunda República era «la mejor de las Españas».
A ver, sin necesidad de ir a Steven Pinker, la humanidad, también la española, nunca ha estado mejor.
Desde la Transición.
Por la alternancia y eso que ahora no le viene bien.
Le parece bien en general, pero no hoy por Vox y el PP.
Por «abrir las puertas a una involución en todos los ámbitos en derechos, libertades».
Que la involución no es alternancia, gentecilla.
Ya se encarga él, pero hay que repetir estas ocurrencias autoritarias tan alejadas de la democracia (además de la colonización de las instituciones y sus otras carcomas).
Como dice David Mejía, «nuestro Sánchez está más cerca de Viktor Orbán que de Olof Palme».
Tampoco se queda atrás Yolanda Díaz, que existe: «Son pirómanos del odio.
Cuando el PP llama a los niños y niñas invasores, es que están dispuestos a todo». ¿Qué significa dispuestos a todo? ¿A campos de exterminio con sus altos hornos o a querer cambiar una ley?Serán ateos, agnóstico o lo que quieran llamarse, pero están más cerca de una iglesia que un pedigüeño en sus puertas.
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