El conocimiento que alimenta la IA busca dueño y precio
Todo empezó con una historia de 579 palabras sobre un cantante húngaro, unos delfines y el lago Balatón.
Una noticia difícilmente destinada a sacudir los cimientos de internet.
Tres años después, sin embargo, aquel artículo publicado por un modesto medio regional se encuentra en el centro de una batalla que puede ayudar a decidir cuánto vale la materia prima con la que se construye la inteligencia artificial.
Like Company, editora de varios portales informativos húngaros entre los que se encuentra Balaton Környéke, acusa a Google de haber utilizado contenido protegido de sus publicaciones para generar respuestas a través de Gemini —entonces todavía denominado Bard— sin autorización ni remuneración.
El conflicto ha terminado ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), que celebró el pasado 10 de marzo su primera vista específicamente dedicada a inteligencia artificial generativa y derechos de autor.
La dimensión del demandante es pequeña.
La del interrogante, no.
Europa debe decidir ahora qué ocurre cuando una máquina lee, procesa, resume o aprende de una obra creada por otra persona.
Y, sobre todo, en qué momento ese proceso deja de ser técnicamente aprendizaje para convertirse jurídicamente en utilización de una obra protegida que exige permiso o dinero.
La cuestión prejudicial enviada por un tribunal de Budapest al TJUE plantea precisamente si mostrar mediante un chatbot un texto parcialmente idéntico al publicado por un medio puede constituir una comunicación pública protegida por los derechos de propiedad intelectual.
También pregunta si el entrenamiento de un modelo de lenguaje implica realizar copias de las obras utilizadas para desarrollarlo y hasta dónde alcanza la excepción europea que permite la minería de textos y datos.
Detrás de ese lenguaje jurídico hay una pregunta mucho más sencilla: ¿de quién es lo que sabe una inteligencia artificial? Del clic a la respuesta Durante dos décadas, la relación entre Google y los creadores de contenido estuvo sostenida por un intercambio relativamente fácil de entender.
El buscador rastreaba páginas, organizaba la información y mostraba enlaces.
A cambio, periódicos, comercios, blogs y millones de páginas recibían visitantes que podían después convertirse en lectores, suscriptores o consumidores.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.elplural.com — el contenido pertenece a El Plural.