La humanización empieza en las aulas
Saber cómo tenemos que mirar a una persona para darle según qué noticia.
Aprender cómo debemos escuchar a quien se enfrenta a un grave problema.
O tratar de explicar una situación compleja sin añadir más complicación al asunto, son ejemplos de cosas que los libros no nos pueden enseñar.Todo eso también forma parte de la medicina.
Quizás no de la convencional, pero sí de la imprescindible relación entre cualquier sanitario, y las personas que a diario atienden.El escenario actual nos enfrente a un futuro inmediato, y en muchos casos a un presente real, rodeado de inteligencia artificial, medicina personalizada, nuevos tratamientos, biomarcadores o diagnósticos cada vez más precisos.
La medicina del futuro será extraordinariamente tecnológica.
Pero tendrá que seguir siendo profundamente humana.
Porque cuando una persona recibe un diagnóstico de cáncer no recibe solo el nombre de una enfermedad.
De repente aparecen dudas, incertidumbre, miedo, cambios en la vida familiar, preocupación por el trabajo, por los hijos, por la economía o por lo que vendrá después.Y, en ese momento, importa muchísimo el tratamiento.
Por supuesto.
Pero también importa cómo se cuenta.
Importa que alguien escuche.
Importa poder preguntar sin sentir que estamos robando tiempo.
Importa entender lo que nos están explicando.
Importa participar en las decisiones que afectan a nuestra propia vida.A veces hablamos de humanización como si consistiera simplemente en ser más amable, de sonreír ampliamente, y aunque eso está muy bien, nosotros hablamos de algo bastante más profundo.Humanizar significa mirar a la persona completa y no únicamente a su diagnóstico.Significa tener en cuenta sus necesidades físicas, pero también las emocionales, sociales y familiares.
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