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Partidas de damas, alcohol y hachís: las noches en el Trampolín, el símbolo que se desmontará (otra vez)

El Mundo ·
Partidas de damas, alcohol y hachís: las noches en el Trampolín, el símbolo que se desmontará (otra vez)

Hacinados en improvisadas chabolas, los inmigrantes esperan noticias sobre su futuro con improvisadas rutinas

Son más de las 11 de la noche cuando el diario EL MUNDO entra en la Playa del Trampolín para comprender cómo es el funcionamiento de ese gran ecosistema que se ha instaurado en Ceuta . Cientos de chabolas construidas no permiten vislumbrar el suelo arenoso. Apenas hay espacio entre unas y otras. Cañas de bambú, plásticos y cartones levantan las pequeñas estructuras donde duermen hacinados miles de inmigrantes. Unos seis u ocho por chabola. Calcular cuantas hay es imposible.

El 30 y 31 de julio marcó un antes y un después en la ciudad autónoma. Inmigrantes procedentes de Marruecos y minoritariamente de otros países como Argelia , Sudán , Chad o Eritrea son quienes aún permanecen en la ciudad. Pero quienes habitan esas estructuras son, prácticamente en su totalidad, de origen marroquí. Las casetas improvisadas con cartones, plásticos y cañas de bambú han sido retiradas por la policía más de una vez, pero al día siguiente, casi como por arte de magia, vuelven a aparecer. Una vida con horarios, algunos incluso con rutinas. Otras de ellas sin ningún tipo de control u orden.

Ese clima dispar se palpa cuando cae la noche. Para unos el Trampolín es lo que han convertido en su hogar, para los ceutíes, el lugar del que no han podido disfrutar durante el verano. Se trata de un espacio que ya no transita ni un solo ceutí, excepto quienes tienen que acceder a su vivienda por ahí. Por supuesto, por la noche no salen.

A esa hora ya no hay policía, una única patrulla pasa de largo por la carretera que cruza la parte superior. Desde ese punto hasta el mar habrá poco más de 50 metros. La gran mayoría ocupados por las precarias construcciones.

Un asentamiento prácticamente permanente, aunque el Ejecutivo trabaja en habilitar de manera inminente el polémico espacio situado en el Muelle de Poniente donde accederán un millar de personas. A la espera, todavía, de saber qué será del resto de inmigrantes.

La noche reactiva el movimiento. Las luces de la calle no alcanzan las chabolas y en medio del caos se debe pisar con precaución. En ocasiones porque los objetos tirados como cubos o algunas pertenencias interrumpen el paso, en otras porque los propios inmigrantes se encuentran tirados entre las estructuras.

Dentro de ese entorno en el Trampolín pueden vislumbrarse dos corrientes muy diferentes. Dos maneras contrarias de matar el tiempo. Mientras una parte de ellos aparece con bolsas de botellas de alcohol dispuestos a correrse una juerga fumando porros (principalmente de hachís), otros tienen una forma de comprender las noches de otra manera. Salvando las distancias, tratan de hacer esa pequeña parcela que se han construido un hogar: varios cocinan alrededor de pequeñas cazuelas cubiertas con bolsas de plástico que se encuentran sobre fogatas de trozos de madera . En el interior, patatas cortadas. «¡Chefchaouen!» , gritan emocionados señalando la cena. Este es el nombre una ciudad marroquí de la que parece proceder el plato. La luz la proporcionan esos pequeños focos encendidos que, situados junto a las chabolas, son un combustible inestable.

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5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.elmundo.es — el contenido pertenece a El Mundo.

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