La viuda de un gruista asesinado por ETA: «Salvaron muchas vidas al quitar el coche bomba»
«Salvaron muchísimas vidas al quitar el coche bomba y fueron víctimas inocentes , está bien que se les reconozca».
La reflexión serena de Emilia Egea transmite la emoción llena de tristeza todavía 35 años después de haber perdido a su marido, Francisco Cebrián, por retirar un vehículo con explosivos colocado por ETA en Mutxamel (Alicante).Como antes de montar su empresa de grúas había sido también guardia civil, en Madrid, tuvo un mal presentimiento al ver aquel Ford Fiesta estrellado contra una fachada. «Dijo que él no tocaría ese coche», relata su viuda, al borde del llanto, aunque comprensiva por las circunstancias de aquel fatídico 16 de septiembre de 1991: se acababan las fiestas del pueblo y se creyó que se trataba de algún conductor borracho.«Es que aquello fue muy grande... y si ellos no quitan el coche de donde estaba, hubiese podido pasar mucho más de lo que ocurrió», incide Egea.
De hecho, al alejarlo del edificio donde estaba, próximo a un colegio y a la casa cuartel de la Guardia Civil, estalló en un espacio más solitario, aunque aún así causó una treintena de heridos.MÁS INFORMACIÓN noticia Si El día que ETA mató en Mutxamel recordará a las víctimas valencianas del terrorismoEste miércoles, se instaura el Día de las Víctimas del Terrorismo cada 16 de septiembre como efeméride autonómica, en un acto con la asistencia del presidente de la Generalitat Valenciana, Juanfran Pérez Llorca, el de la Diputación de Alicante, Toni Pérez, y los alcaldes de Mutxamel -Rafael García- y Alicante -Luis Barcala-.Entre otros honores, aquel gruista y los policías locales José Luis Giménez y Víctor Puertas, que murieron en la explosión con 40, 28 y 21 años, respectivamente, tienen en Mutxamel sendos monumentos monolitos junto a una rotonda, con un pequeño jardín, y también el nombre de una calle.
El único reproche de Emilia Egea es que a su marido le dedicaron la placa 30 años después.Con cuatro hijos aún sin edad de trabajar«En un momento te destruyen la vida», rememora esta jubilada que desoyendo a gente de su entorno, se empeñó en no cerrar la pequeña empresa a pesar de que «se había caído el pilar principal, sólo nos quedó su camioncillo para trabajar» y tenían cuatro hijos, ninguno todavía en edad de trabajar, con entre 16 y 8 años.«No te puedes tirar para atrás, tienes que seguir para adelante», comenta esta mujer que hoy ve a sus dos hijos mayores al frente de la empresa, ahora «internacional».
En el momento de la entrevista, se ocupaban de un servicio de transporte especial con narcolanchas hasta el sur de Andalucía, junto a militares.Obviamente, la huella que ha dejado la muerte prematura e injusta por la barbarie de ETA en esta familia no se borra, aunque hayan salido adelante económicamente.
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