Arthur Mensch, el joven racionalista que quiere dar a Europa una IA propia
Si a Arthur Mensch (París, 34 años) le pusieran un cigarrillo Gauloises en la boca y unas gafas oscuras, podría pasar por director de la nouvelle vague . Su cometido, liderar Mistral , la gran esperanza empresarial europea en inteligencia artificial, se parece a la eterna pelea del cine de autor, que con mucho menos presupuesto trata de plantar cara a la todopoderosa industria norteamericana. Solo que esta vez Hollywood se llama Silicon Valley.
Mistral levantó el pasado 8 de septiembre 3.000 millones de euros en la mayor ronda de capital conseguida hasta ahora por una tecnológica europea, que valoró la compañía en más de 21.000 millones. Una cifra enorme para los estándares del continente y casi ridícula para los de sus rivales en Estados Unidos: Anthropic captó 65.000 millones de dólares en mayo y OpenAI 122.000 millones en marzo.
Estas dos últimas empresas han protagonizado el gran debate de los últimos días sobre la conveniencia de ralentizar el desarrollo de la IA ante las preocupaciones de seguridad. La posición de Mistral, según explican fuentes internas a Cinco Días , es que esta tecnología requiere control y precaución y que algunas empresas han demostrado ser “negligentes”. Añaden, además, que algunas compañías buscan “consolidar su posición de mercado a través de la regulación”.
Mistral tiene todo el apoyo de su país (Macron la presentó como la muestra del “genio francés”), y también de la Unión Europea, que no quiere quedarse atrás ni ser dependiente en un sector que ya considera tan crítico como el de la energía. La apuesta de Mistral consiste en un modelo de código abierto, personalizado para empresas, que permite proteger su soberanía. Esto último significa evitar que un país o agente externo pueda pulsar un botón y cerrar el acceso a la herramienta.
Mensch vive en París, aunque pasa una gran parte del tiempo viajando. Según Le Monde , su pareja es una alta funcionaria francesa, cuya identidad no es pública. Es padre de una niña nacida en torno a 2024. Va a todos lados en bicicleta. Le gusta salir a correr y esquiar. Las partes diplomáticas de su puesto no son su parte favorita. En muchos sentidos, se parece poco a sus homólogos estadounidenses. Tiene una visión menos grandilocuente de la IA. Más atea. “Toda la retórica de la AGI [inteligencia artificial general] trata sobre la creación de Dios. No creo en Dios. Soy un ateo convencido. Así que no creo en la AGI”, explicó en una entrevista.
Alguien con su árbol genealógico tiene difícil escapar del racionalismo. Su madre es profesora de física y su padre, informático. Sus dos abuelas fueron profesoras, una de física y otra de economía; uno de sus abuelos trabajó en el instituto francés de estadística y el otro fue también informático. Hasta uno de sus tíos, Laurent Alexandre, es un ensayista conocido en Francia por sus posiciones sobre IA y transhumanismo. Mensch habla de un fuerte “atavismo familiar” hacia la ciencia y el emprendimiento.
Creció en Ville-d’Avray, un municipio de Hauts-de-Seine, al oeste de París. Estudió en la escuela pública y después pasó por la exigente prépa del Lycée Hoche de Versalles, antes de ingresar en la École Polytechnique.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en cincodias.elpais.com — el contenido pertenece a Cinco Días.