Curazao vuelve a mirar hacia el petróleo de Venezuela
Henry Veeris señala la casa junto al mar donde nació en 1938.
Tiene ojos claros, un español aprendido desde el neerlandés y el recuerdo de dormir con las ventanas cubiertas mientras submarinos alemanes acechaban petroleros en aguas de Curazao . «Esta calle, mire.
Aquí vivía yo», dice.Veeris fue piloto y sigue siendo operador turístico.
A sus 88 años es un cronista oral con una memoria prodigiosa: cuenta la isla señalando casas, puertos y cada esquina.
Antes del petróleo , la relación con Venezuela ya tenía domicilio allí.
En 1812, el comerciante sefardí Mordechai Ricardo acogió a Simón Bolívar y a sus hermanas, María Antonia y Juana, en dos propiedades de Willemstad.
Bolívar trabajó y durmió en una casa hoy desaparecida.
Ellas ocuparon el Octágono, la casa octogonal que conserva el Avila Beach Hotel.
Curazao fue refugio antes que refinería.Veeris tenía cuatro años cuando la guerra alcanzó la isla.
En febrero de 1942, submarinos alemanes atacaron petroleros en aguas de Curazao y Aruba.
El buque neerlandés Rafaela fue torpedeado cerca de la costa curazoleña.
La refinería y los buques eran objetivos estratégicos: ambas islas procesaban crudo venezolano para los aliados.
Veeris recuerda apagones y sirenas.
Aquella noche le pertenece menos a los archivos militares que al miedo de un niño.Después vio la bonanza, la autonomía de Curazao dentro del Reino de los Países Bajos y el ascenso del turismo.
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