Una extraña huella de hace 130M de años revela que existió una rata gigante capaz de comer dinosaurios
Una serie de huellas fósiles halladas en la Formación Botucatu, en Brasil, está obligando a revisar la imagen tradicional de los mamíferos que convivieron con los dinosaurios.
Un estudio publicado en el Journal of South American Earth Sciences describe rastros de unos 130 millones de años atribuidos a un mamaliaforme de dimensiones extraordinarias para el Cretácico temprano.
El animal habría sido mucho mayor que otros representantes conocidos de su época y pudo ocupar un nicho ecológico hasta ahora inesperado.
Sus características incluso plantean la posibilidad de que cazara pequeños dinosaurios.
Las pisadas presentan una morfología difícil de encajar con dinosaurios o cocodrilos y, según los investigadores , recuerdan mucho más a las extremidades de los mamíferos.
Las mayores alcanzan 11,4 cm de longitud y 13,4 cm de anchura , mientras que la separación entre ellas apunta a una zancada cercana a los 40 cm.
A partir de comparaciones con animales de los que se conocen tanto huesos como rastros, el equipo calcula que aquel misterioso habitante de Brasil pudo alcanzar aproximadamente 1,55 metros de longitud .
Eso lo situaría muy por encima del tamaño atribuido hasta ahora a la mayoría de mamíferos mesozoicos.
Un mamífero fuera de escala Durante décadas, la reconstrucción habitual del Mesozoico ha presentado a los mamíferos como criaturas pequeñas , semejantes a musarañas o ardillas, que sobrevivían evitando a los grandes reptiles.
Sin embargo, las nuevas huellas apuntan a un escenario bastante más complejo.
Los autores consideran que su responsable habría sido al menos dos veces mayor que los mamíferos más grandes conocidos previamente de la era de los dinosaurios.
Por dimensiones, podría compararse con un perro grande e incluso aproximarse al tamaño corporal de un puma, aunque todavía no existen restos óseos que permitan confirmar su anatomía.
El hallazgo resulta especialmente llamativo porque otros dos mamíferos relativamente grandes , asociados a Aracoaraichnium leonardii y Brasilichnium anaiti, también fueron identificados anteriormente en la misma formación geológica .
Esa concentración lleva a los científicos a plantear que el antiguo ecosistema de Botucatu ofrecía unas condiciones peculiares para que ciertos mamaliaformes alcanzaran tamaños poco habituales.
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