Dolly Parton canta a Marx y Engels
El día 1 de septiembre, a toda persona de bien le brota en la boca una pipa de filósofo existencialista y una voz pesarosa que se pregunta desde el centro del pecho cómo es posible que tantísimo tiempo de la vida se vaya por el desagüe del trabajo.
En 9 to 5 , una de sus tres canciones más célebres, Dolly Parton resumía con una pasmosa candidez el universalísimo sentimiento de la alienación laboral que a Karl Marx tanta tinta le costó plasmar: “Trabajar de nueve a cinco, vaya forma de ganarse la vida / Lo que te pagan apenas alcanza para sobrevivir y todo son exigencias a cambio de nada / Además usan tus ideas y nunca te reconocen el mérito / Es suficiente para volverte loco si te dejas”.
Vendrán los puristas y los amargados a decir que esa señora con las tetas tan grandes no conoció los horrores de las fábricas que documentó Engels y que ella por mucho que presumiese de orígenes humildes era una rubia millonaria, bastante más empleadora que empleada.
No importa.
Currar es un engorro y lo saben desde los tecnoligarcas que quieren darle toda nuestra faena a la inteligencia artificial hasta el presidente del Gobierno, al que le ha estado dando una pereza impresionante volver a una rutina que últimamente exige contestar preguntas muy incómodas, además de desmontar los ardides de la internacional ultraderechista.
Y mientras tanto, ya nadie canta la Internacional socialista.
Resulta terriblemente molesto que en un país con 19 millones de personas asalariadas solo nos pongamos a hablar de trabajo y sueldos cuando llega gente en tropel a postularse para los puestos que nadie quiere o cuando algún jefazo de la patronal nos reprocha tener que pagarnos las cotizaciones.
Con tanto barullo xenófobo quizá no se hayan enterado de que desde el viernes vivimos en un país donde los jubilados pueden volver al tajo a cambio de cobrar menos pensión.
Hay que prolongar a toda costa la vida laboral, no sea que de viejos tengamos tiempo para filosofar sobre el sentido de la vida.
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