El pulso entre el alcalde, Wall Street y un abogado antimafia
El impuesto a segundas residencias enfrenta a Mamdani con los multimillonarios de la ciudad con más fortunas del planeta.
Nueva York es una ciudad que deslumbra. Literalmente. Lo sabe cualquiera que haya atravesado Times Square tras la caída del sol, contemplando cómo la iluminación de las pantallas que rodean el llamado centro del universo es capaz de convertir en día la noche. Conocida es la anécdota que relata que cuando, en 1954, el periodista y escritor Josep Pla recorrió por primera vez las calles y avenidas de la Gran Manzana bajo la perpetua luz nocturna de los rascacielos, se volvió a sus anfitriones, impresionado por semejante derroche energético, y preguntó: "Y todo esto, ¿quién lo paga?". Cuestión similar se planteó a sí mismo el nuevo alcalde de Nueva York, el socialista Zohran Mamdani, que, en sus primeros meses en el cargo, ha puesto en pie de guerra a los multimillonarios de la ciudad con más fortunas del planeta al responderse que el déficit de servicios públicos de la ciudad lo debe costear un nuevo impuesto a los ricos. Ahora, al pulso entre el regidor y Wall Street se le ha sumado, del lado de los banqueros, un célebre abogado antimafia.
La batalla política y judicial abierta, con una terna de protagonistas digna de una reedición de La hoguera de las vanidades de Tom Wolfe, tiene como epicentro el llamado impuesto pied-à-terre que ha entrado en vigor este verano. La iniciativa, impulsada por el alcalde de Nueva York y la gobernadora del Estado, la también demócrata Kathy Hochul, impone un recargo tributario anual de entre el 0,8% y el 6,5% a los propietarios de los inmuebles más lujosos de la ciudad, principalmente las viviendas de más de cinco millones, que no estén destinados a residencia habitual del propietario, un familiar, beneficiario de un trust o inquilino.
Los demócratas calculan que el impuesto afectará a unas 15.000 segundas residencias de Nueva York (el 90% concentradas en Manhattan), arrojando una recaudación de más de 500 millones de dólares (430 millones de euros). Mamdani reivindica que servirá para financiar parte de la factura pública en cuidado infantil, limpieza de las calles o seguridad de los barrios.
Fuera o no inevitable, el choque directo con Wall Street fue buscado. Mamdani defendió el nuevo impuesto grabándose un vídeo delante del 220 de Central Park South, un rascacielos residencial de ultralujo en el que Ken Griffin, fundador del fondo de inversión Citadel, adquirió un ático por 350 millones de dólares en 2019, en la que fue la compra residencial más onerosa de todo EEUU. El alcalde defendió que si un multimillonario como él quería contar con una segunda residencia de lujo en la ciudad, debía contribuir a costear sus servicios públicos. La reacción de Citadel fue furibunda, acusando a Mamdani de "demonizar" a los empresarios y amenazando con cancelar una inversión de 6.000 millones de dólares en la ciudad.
Aunque la operación siguió adelante, las 17.000 cartas remitidas este verano a propietarios de inmuebles de lujo depositando en ellos la carga de la prueba de demostrar si residen en ellos ha enardecido al colectivo.
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