Los bosques templados que desaparecieron en el pasado durante milenios se esfuman ahora con el mismo patrón, pero en décadas
La concentración de CO₂ en el aire ha llegado a las 600 partes por millón (ppm).
Al principio es el maná para las plantas: la mayor disponibilidad de dióxido de carbono ( su oxígeno ) dopa los árboles que crecen y crecen sin mesura.
Pero aquella concentración de gases de efecto invernadero no deja de recalentar el planeta.
La atmósfera pierde cada vez más agua y tiene que robar humedad a las hojas, tallos y troncos.
La mortandad vegetal se multiplica y el bosque se va clareando.
Esto hace que la radiación solar y el calor se cuelen en el sotobosque, retroalimentando el proceso.
Las especies de clima templado se ven desplazadas por especies xerófilas (resistentes a la sequía) y termófilas (amantes del calor).
Los nogales, olmos y abedules dejan paso a las palmeras y matorrales.
Este proceso, que se dio en latitudes altas y medias de todo el planeta, sucedió hace 56 millones de años.
Pero, según un nuevo trabajo publicado en Science , se parece demasiado a lo que está pasando con los bosques actuales.
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