Moncloa cambia el tono con Marruecos y supera el marco de la "nueva etapa" para exigir "lealtad"
La evolución del discurso del Gobierno ante la crisis migratoria de Ceuta permite observar un cambio progresivo de tono respecto a Marruecos.
Si bien durante las primeras semanas el Ejecutivo de Pedro Sánchez evitó atribuir responsabilidades a Rabat y subrayó la necesidad de preservar la cooperación bilateral, con el paso de los días han aparecido mensajes más firmes sobre seguridad, control fronterizo y, finalmente, sobre la necesidad de que Marruecos actúe con "lealtad", tal y como verbalizó el titular de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo.
Oposición y socios coincidieron en que Marruecos era responsable directo de lo ocurrido el 30 de julio, cuando aproximadamente 70.000 personas entraron de manera repentina en Ceuta desde la frontera marroquí.
Las posiciones iniciales del PSOE consideraban a Marruecos un "socio completamente fiable" y eximían al país africano de responsabilidad, pero eso ha ido matizándose con el paso de las semanas.
Este sábado, Cuerpo pronunciaba una frase que suponía un punto de inflexión en este sentido, reclamando expresamente "lealtad" a Marruecos y situando la inmigración y la seguridad de Ceuta y Melilla dentro de las prioridades de política doméstica y europea.
El cambio resulta especialmente relevante si se compara con las declaraciones del propio Gobierno realizadas a finales de agosto.
La evolución discursiva La crisis se desencadenó a finales de julio, y desde el episodio migratorio, el Ejecutivo tuvo que equilibrar dos necesidades: responder a una emergencia de seguridad y humanitaria dentro de territorio español y, simultáneamente, evitar una escalada diplomática con Marruecos, un país con el que las relaciones ya son tensas de por sí.
El 1 de agosto, Pedro Sánchez pidió una reunión extraordinaria de los ministros del Interior de la Unión Europea y reclamó una respuesta europea ante lo sucedido en Ceuta, considerada frontera exterior de la UE.
El planteamiento inicial situaba, por tanto, el problema principalmente en el ámbito migratorio y europeo, pero la cuestión marroquí se convirtió rápidamente en uno de los elementos centrales del debate.
El 31 de agosto, Sánchez afirmó que no existía información procedente de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, del CNI ni de otros servicios de inteligencia que apuntara a una participación de las autoridades marroquíes en la entrada masiva.
El presidente defendió además que la cooperación con Rabat en materia migratoria seguía siendo "francamente positiva".
Mientras, socios y oposición arqueaban una ceja.
El 3 de septiembre, compareciendo en el Congreso, Sánchez mantuvo esencialmente esa posición: aseguró que no existían entonces "pruebas sólidas" que permitieran concluir que Marruecos hubiera participado o permitido la entrada masiva.
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