Vamos a dejar Ceuta que ni Barcelona
Con todo el lío de Ceuta, aquella «violación de la integridad territorial» que en apenas un par de días se transformó en una crisis migratoria normalizada y que ahora se presenta como un foco de odio y fascismo, el pasado lunes pasó inadvertida la presentación de un foro de diálogo que a mitad de octubre puede contribuir a despejar dudas entre quienes, desnortados por tanto cambio de opinión y paradigma, quizá condicionados por la subjetividad contra la que alerta Marlaska , no terminan de encontrar el lado correcto de la historia en una frontera en la que los malos van a terminar siendo los ceutíes.
Nos referimos a la Bienal del Pensamiento (sic) que desde los tiempos de Ada Colau se celebra en Barcelona.En una era de cancelaciones sumarísimas, cordones y condones sanitarios, lubricantes tertulianos, pureza ideológica de sangre, borrados de cartel, listas negras y fichas policiacas, métodos mafiosos que del Gobierno pasaron a sus agentes mediáticos y culturales, tranquiliza asomarse a una bienal en la que aún sobrevive el pensamiento como máxima y más íntima, aquí compartida, expresión de la libertad del hombre para desasirse de cadenas.«¿De qué manera fomentar la solidaridad frente a los embates del neoliberalismo?» y «¿Con qué herramientas la ciudad puede convertirse en un bastión de la resistencia democrática contra el autoritarismo?» son las cuestiones sobre las que este año gira un coloquio cuyo cuadro de actores y pensadores garantiza, frente al «Eso pregúntaselo a Vivas», la búsqueda de respuestas para unas ciudades –pongamos aquí que Ceuta– «donde se pueden ensayar alternativas».
En aras del pluralismo, los gestores de este foro han preferido repartir los fondos que le sacan al ministerio y el ayuntamiento entre gente de confianza y cuarta fila que fichar a conferenciantes cuyo elevado caché podría interpretarse como un 'embate del neoliberalismo'.
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