Muere Marcos Ordóñez, voz y memoria de un escritor potente
Marcos Ordóñez tenía una voz potente.
Por eso aquella noche de estreno teatral no le oí cuando me llamó desde la silla de atrás.
No quedaba rastro de aquella tesitura de tenor.
Al segundo requerimiento volví la cabeza y al verlo deduje que estaba muy malito. «Hola Sergi. ¿Te han enviado mi último libro? Se titula 'Una joven pareja'», dijo.
Marcos era poderoso como las críticas teatrales que publicó en ABC y a partir del año 2000, en el suplemento 'Babelia' de El País.
También literatura desde que debutó en 1988 con la novela autobiográfica 'El signo de los tiempos', a la que seguiría una veintena de títulos.
A Marcos le gustaba la rumba catalana y se ponía camisas floreadas, pero también la onda siniestra de Joy Division.
Biógrafo del Gato Pérez, Nuria Espert o Alfredo Landa, la evocación del Madrid donde Ava Gardner fue uno de sus libros más conocidos.
O aquel «Jardín abandonado por los pájaros» en el que florecían los recuerdos de sus mayores.
Me explicó que había grabado las conversaciones con su madre.
La memoria materna, la de su padre -policía, escritor y letrista- componían una crónica familiar.
Marcos era un escritor autobiográfico desde 1994, con 'Una vuelta por el Rialto'.
Veinte años después volvía a sus mayores, con mirada más serena: «La juventud es arrogante, te crees que sólo eres tú, que no debes nada a nadie: este es un libro de gratitud a mi gente», me dijo.
Su Barcelona era sensorial: «Ver cómo se hacían los pollos a «l'ast» era un espectáculo».
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