El independentismo catalán en el Congreso: de ser clave a la irrelevancia
Las próximas elecciones generales del 29 de noviembre serán claves para el independentismo catalán.
Tras una legislatura de colaboracionismo separatista para mantener en el poder a Pedro Sánchez -hasta que Carles Puigdemont, la semana pasada, optó por dejarle caer tras varias amenazas previas y con la excusa de los decretos de vivienda-, Junts y ERC testarán en las urnas no solo su capacidad de seguir engatusando a los votantes catalanes, sino también su influencia en un Gobierno del Estado que, salvo sorpresa -o nuevo cambio de opinión de los neoconvergentes- cambiará de bando.Desde la moción de censura que permitió a Pedro Sánchez llegar al poder por la puerta de atrás, en junio de 2018, los dos principales partidos independentistas han sido claves en la gobernanza de un Estado del que quieren dejar de formar parte.
Como antes había hecho el PNV, convirtiéndolo en seña de identidad, Junts y ERC lograron hacerle firmar a Sánchez un talonario de cheques en blanco que, en cada votación, han rellenado a su antojo -total, lo íbamos a pagar entre todos los españoles -mientras a Cataluña se le condonaba la deuda-.Durante este tiempo, en particular durante los últimos cinco años, primero con los indultos y luego con la amnistía, los pactos entre los independentistas y el PSOE nos han dado muchos grandes titulares a la prensa.
Siempre, eso sí, con la doble lectura y la doble interpretación, en función de si lo verbalizaba alguien de ERC o Junts o alguien de Moncloa.
Pero la realidad siempre ha sido la misma: que los separatistas han logrado doblegar a un Sánchez rehén de sus exigencias para dormir una noche más, que al final han sido tres años más, en el Palacio de La Moncloa.
Aunque para ello se tuviera que inventar una falsa mayoría progresista inexistente.Si bien es cierto que muchos de esos titulares han sido llamativos, generando reacciones contrarias tanto en la oposición como dentro del conglomerado de grupos que han apoyado al Gobierno, no siempre todas esas concesiones se han acabado materializando.
La posibilidad de hablar catalán en las instituciones europeas, medida que Junts le obligó a defender al Gobierno de madrugada a cambio de investir a Francina Armengol presidenta del Congreso, o, meses más tarde, la delegación de las competencias de inmigración, que los de Míriam Nogueras consiguieron a cambio de ausentarse de una votación y permitir así la convalidación de un real decreto, quedarán para siempre más en el cajón.
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