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Un tanque de dinamita

El Financiero ·
Un tanque de dinamita

Tanta polvareda en el paisaje nacional suele tapar acciones de trascendencia, que se pierden en el ruido y lo sonoro de un escándalo tras otro.

Pero no desaparecen: siguen avanzando pese a no tener la atención de la opinión pública.

Tal es el caso de la caída de Iván Cazarín, el temido criminal apodado El Tanque , detenido hace casi tres meses, que convirtió a Jorge Amílcar Olán en un tema prioritario para la presidenta Claudia Sheinbaum, a quien, al igual que a su hermano Luis Alberto, le hizo favores y servicios, que repercutieron en los negocios de sus socios y prestanombres, los hijos del expresidente Andrés Manuel López Obrador y de prominentes miembros del Grupo Tabasco.

Sheinbaum no tenía mucha idea de quién era El Tanque hasta después de capturado, cuando le explicaron la relación que tenía con Jorge Amílcar y su atención al tema provino de la intensidad con la que los medios de comunicación trataron el caso del amigo de los López Beltrán, en particular de Andrés, conocido como Andy, que está siendo investigado en Estados Unidos.

El interés de Washington sobre ellos dos se hizo explícito a principios de octubre por la cantidad de información que estaba solicitando a la Secretaría de Relaciones Exteriores sobre Amílcar.

Hasta el momento no hay una acción legal formal contra él en Estados Unidos, pero existe el temor en Palacio de que lo detengan en Europa y lo extraditen.

Al El Tanque sí lo quieren en Washington, y su eventual extradición generaría inquietud en Palenque.

Pero en todo este entramado hay algo que probablemente desconoce la presidenta: Cazarín es el camino para llegar a José Alfredo Pérez Astorga, un personaje que está fuera del radar de muchos y que es fundamental para ver la gran fotografía de las presuntas redes y complicidades criminales en el sur del país.

Pérez Astorga fue el administrador central de Fiscalización del SAT y respondía a Rosalinda López Hernández –que falleció de enfermedad en 2024–, hermana del senador Adán Augusto López Hernández.

Como intermediario de la familia, trabajaba con Melchor López Hernández, quien, como su hermano Adán Augusto, tiene una notaría.

En este espacio publiqué en octubre del año pasado que las investigaciones que emprendieron en Estados Unidos contra las redes criminales de políticos mexicanos, que la notaría de Melchor coordinaba acciones oscuras con Rosalinda, que dejaba asuntos en “tránsito” por evasión de impuestos o en litigio, que su hermano resolvía en las oficinas del SAT en Guadalajara y León.

A partir de ese negocio, Adán Augusto y su cuñado, el entonces gobernador de Chiapas, Rutilio Escandón –esposo de Rosalinda–, diseñaron un mecanismo de financiamiento para nuevas empresas durante el sexenio pasado, utilizado como matriz en el negocio del contrabando de combustible.

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5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.elfinanciero.com.mx — el contenido pertenece a El Financiero.

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