El señor de la llanta y el cerro
Con ritmo de vallenato y cumbia, como manda el barrio.
Ay, compadre, préstame la gata, la llanta se ponchó en la cuesta brava.
Río Nazas arriba, donde el asfalto se rinde y la terracería manda, ahí está él.
Las manos negras de tanto hule.
La sonrisa chueca de quien ya le ganó al destino.
Le dicen El Tripas.
Él lo lleva con orgullo, como medalla de guerra.
Nadie sabe su nombre de pila.
Ni falta hace.
En la parte baja del Cerro de la Campana, las calles suben empinadas y los carros bajan rezando, El Tripas es institución, leyenda, santo patrono de la llanta ponchada.
La vulcanizadora no tiene nombre en letrero bonito.
Un rin viejo colgado del poste.
La llanta pintada de azul.
Eso basta.
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