Sheinbaum niega rompimiento, pero ya no habla de Obrador
“Acúsome, padre, de que me dejé acariciar lascivamente por mi novio, y yo misma le acaricié con lujuria la entrepierna”.
Don Arsilio estaba acostumbrado a oír esa clase de confesiones, pero en este caso su confusión fue mayúscula, pues quien le dijo tal cosa fue doña Pasita, mujer octogenaria.
Le preguntó, azarado: “¿Cuándo sucedió eso?”.
Respondió la penitente: “Hace 60 años”.
“¿60 años? –se sorprendió el sacerdote–. ¿Y hasta ahora vienes a confesarlo?”.
“En su tiempo lo confesé, padre –replicó doña Pasita–.
Pero recordar es vivir”...
La señora vio a su maduro esposo en el momento en que se untaba algo en la cara.
“¿Qué haces?”.
Contestó el señor: “Me estoy aplicando una crema rejuvenecedora”.
Acotó en tono desabrido la mujer: “No te la estás poniendo donde deberías”...
En el Palacio de Gobierno de Saltillo se han congregado los notables de la ciudad a fin de escuchar el Informe del Señor Presidente de la República.
Al frente del salón está el presídium.
Lo preside el secretario general de Gobierno en representación del Ejecutivo del Estado, quien ha viajado en tren a la capital de la República a fin de estar en el acto presidencial y en el besamanos que le sigue.
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