Crecer con medianas y grandes empresas
La revista Finanzas y Desarrollo que edita trimestralmente el Fondo Monetario Internacional, publica en su edición de septiembre 2026 un interesante ensayo de Gordon Hanson, Dani Rodrik y Rohan Sandhu sobre nuevas condiciones del desarrollo futuro de países de ingreso medio.
Resaltan dos aspectos de interés para el diseño de la política económica de México: primero, que ante cambios globales -que no son coyunturales- las exportaciones no aseguran el crecimiento a países como el nuestro; segundo, la propuesta de hacer que sean las micro, pequeñas y medianas empresas --las proveedoras del mercado interno--, el motor del crecimiento.
Repensando el desarrollo es el título del escrito; la economía mundial --se argumenta-- está entrando en una nueva etapa en la que la seguridad nacional y los objetivos geopolíticos se imponen en las agendas políticas gubernamentales a los esfuerzos por ganar competitividad en el comercio exterior.
Es claro que se refiere, sin mencionarlo, a la relevancia que Trump le ha dado a la seguridad nacional estadounidense en su política exterior, la cual está dominada por la competencia por la hegemonía global en la que Estados Unidos está enfrascado con China.
Desde esa perspectiva, Washington ha desatado una guerra comercial contra todo el mundo, lo que ha provocado el aumento del proteccionismo en las economías avanzadas.
México y Canadá también son blanco de esa guerra, “socios” a los que el gobierno de Trump -ha dicho el presidente- no les permitirá que “sigan aprovechándose de EU”.
Ese es el espíritu con el que EU está revisando el T-MEC.
En esta situación, que no es transitoria sino de cambio, la publicación de marras sería atendible por la secretaría de Economía de México en un único señalamiento, que es el de que “la industrialización orientada a la exportación ha perdido su atractivo como vehículo fiable para el crecimiento económico y la creación de empleo” en países de ingreso medio (como es México).
México apostó hace 40 años a las exportaciones de manufacturas como motor del crecimiento, pero la «no política industrial como la mejor política» que prevaleció desde el gobierno de Salinas hasta el de Peña Nieto, hizo que las mayores inversiones industriales -en su mayoría extranjeras y en su mayoría meras ensambladoras y maquiladoras- se orientaran a producir para el mercado externo, sin que su muy exitoso desempeño se reflejara en el crecimiento económico y en los salarios en nuestro país.
Nuestro país no puede avanzar en su desarrollo futuro apostando a la integración regional norteamericana; lo niega la experiencia de 40 años y con Trump en la Casa Blanca, lo que sigue sería una franca subordinación en todos los órdenes.
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