La línea de defensa
Un hecho innegable sobre toda línea de defensa es que resulta útil mientras el tiempo de espera sobre el enemigo no se extiende demasiado, ya que de otro modo se tornan improvisas y, por ende, vulnerables.
La analogía sirve para entender lo que ocurre con el grado de inversión de México, el cual se ha defendido por casi una década a base de recortes al gasto.
Si embargo, esa trinchera empieza a mostrar su límite físico.
El próximo martes, 8 de septiembre, se cumple el plazo legal para que la Secretaría de Hacienda presente el Paquete Económico para 2027.
Retomando la referencia a la línea de defensa, su presentación puede interpretarse como una de las últimas oportunidades para comprometerse de manera creíble con una trayectoria del déficit que les permita preservar la calificación soberana antes de que la ventana de maniobra empiece a cerrarse.
El proceso de consolidación fiscal que arrancó tras el máximo alcanzado en 2024 (cuando los Requerimientos Financieros del Sector Público llegaron a 5.8% del PIB) se ha apoyado casi enteramente en la contención del gasto.
Las estimaciones de Finamex estiman que esa métrica alcanzará el 4.4% este año y 3.8% para 2027.
No obstante, aunque se trata una trayectoria descendente, el mecanismo para alcanzarla comienza a agotarse.
Las cifras de Hacienda muestran que el gasto de capital ha absorbido buena parte del ajuste, mientras las pensiones y el costo financiero, por su rigidez, mantienen su presión secular.
Hay que destacar que buena parte de la mejora observada en el balance de 2025 no vino de un ajuste estructural, sino de una reclasificación contable, puesto que el fondo de Banobras que canalizó apoyo a proveedores de Pemex (equivalente a 0.6% del PIB) mejoró la métrica agregada.
Lo anterior resalta que el estándar de lo que las calificadoras aceptarán como consolidación genuina en 2027 será más exigente que el de años anteriores, precisamente porque ya tendrán que distinguir entre ajuste real y ajuste contable.
A la par, la recaudación empieza a exhibir cierta fatiga cíclica.
La relación entre actividad económica y recaudación tributaria, que amortiguó buena parte del ajuste de los últimos años, se ha debilitado.
Hemo visto que el crecimiento real del impuesto sobre la renta y el de la base de empleo formal se han desacelerado en sincronía con el estancamiento del PIB, por lo que el motor recaudatorio que financió la disciplina fiscal reciente no puede darse por descontado para 2027.
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