El ingeniero se lleva su legado
La muerte de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano obliga a encarar un hecho.
El México que él y algunos de su generación hicieron posible es historia.
Al tiempo que se agradece al ingeniero su entrega, se puede expedir el certificado de defunción a su legado.
Eso que con su empuje pudo ser ampliado, se ha vuelto espectral: una democracia socavada por las dos derechas, PRIAN y Morena, que han gobernado.
Con Cárdenas por la izquierda y Manuel J.
Clouthier por la derecha, la oposición venció al régimen priista la noche del 6 de julio de 1988.
La “caída del sistema” fue el epitafio de lo que le restaba de credibilidad al PRI en los años 80.
De ahí en adelante el gobierno tendría que negociar y ceder si pretendía sobrevivir.
Sin Cuauhtémoc eso no hubiera ocurrido.
El ingeniero se aferró a su apuesta de una democracia por la vía electoral.
Pocos como él padecieron trampas y denuestos.
Nunca se rebajó al nivel de sus difamadores, nunca sucumbió siquiera a concederles un momento “Cállate chachalaca”.
Forma y fondo de su lucha tuvieron una consistencia que hoy prácticamente todos en el panorama político le reconocen.
Esa pugna pacífica y tesonera fue clave para activar negociaciones aperturistas, en las cuales no siempre él o su movimiento fueron bienvenidos.
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