Régimen de la 4T: Intransigencia del poder sin concesiones
El poder presidencial puede mucho; quien lo ejerce con frecuencia suele asumirse infalible, y ahí donde todo se alinea y se acomoda, se entrañan muchos problemas, entre otros, dos pérdidas de singular relevancia: el sentido de la realidad y el de los límites.
Que todo se ajuste a la voluntad y a las pulsiones de quien detenta la Presidencia de la República implica al grupo cercano que aprovecha, a colaboradores silentes y a intereses complacientes.
Por eso la importancia de aquello que resiste a la deriva autocrática: los contrapesos institucionales, la oposición y las expresiones civiles de escrutinio al poder, tres planos del régimen democrático a los que el obradorismo declaró la guerra.
El primer tercio no sirvió para que la Presidenta entendiera los términos de su responsabilidad constitucional.
Para evitar complicaciones, decidió acabar con la última trinchera institucional de contención a la arbitrariedad y abuso de poder.
Mientras López Obrador tuvo que encarar a un Poder Judicial y una Corte que, en sus últimos efectos, contribuían al apego del gobierno y del titular del Ejecutivo a la legalidad, Sheinbaum resolvió eliminarlos.
Ahora ella, su administración y el país padecen las consecuencias.
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