Cuestionada incuestionabilidad: La Final del Angélica Morales
Tenía mucho de no ver a tantos pianistas mexicanos reunidos en un mismo recinto, como ocurrió este viernes 11, cuando el gremio se hizo presente en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes para atestiguar la final del XI Concurso Nacional de Piano Angélica Morales –Yamaha, fundado hace más de tres décadas por el Maestro Fernando García Torres, entonces Coordinador Nacional de Música del INBA.
Cuando finalmente dieron a conocer la Convocatoria para esta edición, lo primero que celebré fue que, por primera vez, le dieran a la música mexicana la importancia que debe tener en un certamen que se proclama como “nacional” desde el nombre con el que se le conoce: entre las obras obligatorias, los participantes debían optar por uno de los Deux Études de Ponce en la primera ronda, y por otro de los compuestos por Rolón durante la segunda.
De igual manera, la ronda final, que implica tocar un concierto para piano y orquesta acompañado por la Sinfónica Nacional, incluía compositores que, más allá de Ponce, no figuran en el canon tradicional: Chávez, Curiel, Vásquez y Rolón.
Que ningún concursante optara por alguno de ellos, es otro cantar.
Por primera vez, fue requisito interpretar un quinteto con cuerdas y se añadió una cláusula, la décimo tercera, previendo que el jurado tendría “la facultad de declarar desierto cualquiera de los premios si así lo considera pertinente”. ¡Se habían tardado!, considerando que cuando “la caballada estuvo flaca”, malbarataron el premio ante el temor de que se retirara el patrocinador.
El problema no es que acabaran regalándole el primer lugar a un karateca del que no volvió a saberse, o que no descalificaran en aquella misma ocasión a la incipiente vedette que, ante el lapsus que padeció durante la final, retomara aquel Primer Concierto de Prokofiev que tan grande le quedara, aduciendo que “se había lastimado una uña”, sino el desprestigio que es para el Concurso tener sus nombres entre quienes se ha premiado.
Nunca es tarde para reflexionar cuántos y quiénes han hecho la carrera que se esperaría, tras ganar el concurso de piano más importante que tenemos.
Algunos han logrado cierto prestigio como maestros y/o presentándose eventualmente, pero no podemos mencionar a ninguno con amplio reconocimiento internacional.
El problema, empieza en casa: tocar el piano no es fácil y más difícil es pretender vivir de ello en México; más aún si hay familia que mantener.
El que mejor llegó a tocar, terminó desdibujado tras las mujeres con que ha compartido su vida: con la primera perdió el nivel que le llevó al triunfo, y con la segunda, el buen juicio y la objetividad emparejada a éste.
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