Disponible en streaming: uno de los westerns más emblemáticos de todos los tiempos con dos auténticas leyendas del género
Henry Fonda se consolidó como una de las leyendas más grandes del western gracias a su imponente papel como el villano Frank en Hasta que llegó su hora , la obra maestra de Sergio Leone .
Sin embargo, en 1973, se encontró con un coprotagonista sumamente querido por el público, Terence Hill , en una producción a cargo del director Tonino Valerii.
A esta dupla se suma una tercera leyenda cuyo trabajo definió el sonido del género durante décadas: el mismísimo Ennio Morricone .
El compositor de las bandas sonoras de El bueno, el malo y el feo y Por un puñado de dólares también se encargó de la música de esta cinta donde garantizó una partitura inolvidable.
Hablamos de Mi nombre es Nadie . {"videoId":"xa4lnfs","autoplay":true,"title":"¿Vale la pena la MacBook Neo?", "tag":"Apple", "duration":"101"} Un inicio épico para la historia Ambientada en el Nuevo México de 1899, Mi Nombre es Nadie comienza con la tensión clásica de los mejores spaghetti westerns.
En la secuencia de apertura, vemos al veterano pistolero Jack Beauregard (Fonda) en una barbería.
Lo que no sabe es que el barbero no es quien dice ser, y afuera un par de delincuentes esperan el momento ideal para acabar con su vida.
A pesar de que Beauregard ya no es un joven y planea retirarse a la tranquilidad de Europa, demuestra rápidamente que su destreza con el arma sigue intacta: deja a sus tres rivales en el suelo.
En su camino al retiro se cruza con el peculiar Nadie (Hill), un joven y astuto pistolero que es su mayor admirador.
Al no concebir la idea de que su héroe se retire sin una última hazaña memorable, Nadie decide organizar un enfrentamiento legendario entre Beauregard y la "Horda Salvaje", una temible banda de 150 forajidos.
Así, durante las casi dos horas de metraje, el director maneja con maestría los códigos del género.
Desde los encuadres cerrados a los rostros sudorosos y los acercamientos dramáticos a los ojos, hasta los planos congelados durante los tiroteos, la dirección es impecable.
A esto se añade la brillante música de Morricone , que eleva la atmósfera de cada escena.
No obstante, la película destaca por ser un híbrido inusual y lleno de referencias a clásicos como The Wild Bunch de Sam Peckinpah .
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